sábado, 24 de noviembre de 2012

ESMA: el megajuicio

El proceso que comienza el miércoles abarca los casos de 789 víctimas. Se juzgará a 68 represores, 14 de los cuales ya fueron condenados el año pasado. Por primera vez, están involucrados tripulantes de los “vuelos de la muerte”.

Por Diego Martínez
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El infierno de la Escuela de Mecánica de la Armada, símbolo universal del terrorismo de Estado en la Argentina, volverá a ser parte del presente durante los próximos dos años. Lejos del tiempo de los cables de Ancla sobre los crímenes que la gran prensa ocultaba, de los relatos de sobrevivientes desde el exilio y de los gritos desgarrados de las Madres de Plaza de Mayo, lejos de la impunidad que siguió al juicio a los ex comandantes y de la larga noche menemista, a un lustro de la ingesta de cianuro que garantizó el silencio del prefecto Héctor Febres y a un año de la primera condena a los asesinos que comandó el almirante Emilio Massera, la ESMA será noticia tal como lo concibieron y exigieron durante décadas los organismos de derechos humanos: mediante un juicio oral y público, con todas las garantías que brinda el Estado de derecho. En el banquillo habrá por primera vez un número de acusados acorde a las dimensiones del que fuera el mayor centro de interrogatorio, tortura y exterminio de la capital argentina, que rendirán cuentas por secuestros, tormentos, violaciones y asesinatos contra casi 800 víctimas entre 1976 y 1983.
El subsuelo de los tribunales de Comodoro Py será el escenario de un verdadero megajuicio con 68 acusados, que incluyen a 56 marinos, cinco prefectos, un coronel retirado del Ejército, tres ex miembros de la Policía Federal, uno del Servicio Penitenciario Federal y dos civiles: el abogado Gonzalo Torres de Tolosa, alias Teniente Vaca, quien durante años defendió a sus ex compañeros imputados, y un economista de alta alcurnia: Juan Ernesto Alemann, ex funcionario del ministerio de José Alfredo Martínez de Hoz. Faltarían los capellanes de la Iglesia católica y algún enlace de la Fuerza Aérea para abarcar la tipología completa de seres que poblaron voluntariamente la ESMA durante la dictadura. Dos datos para dimensionar: desde que arrancaron los juicios a represores, el mayor número de acusados se registra en Tucumán, con 41, aunque ocho lo siguen por videoconferencia desde la cárcel; el proceso a los jerarcas nazis en Nuremberg tuvo 22 acusados, menos de un tercio de quienes comenzarán a rendir cuentas el miércoles.
Tras los 22 meses de audiencias del primer juicio de la ESMA, que terminó con 16 condenados y dos absueltos por un centenar de casos, el Tribunal Oral Federal N0 5 acusó recibo de un viejo reclamo de los organismos y decidió realizar un proceso que incluya a todos los casos judicializados con epicentro en el centro clandestino de la Armada. Según la información oficial son 789 víctimas, un tercio de las cuales son sobrevivientes. Se estima en 900 el número de testigos que escucharán los jueces Daniel Obligado, Adriana Pallo-tti, Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi (sustituto). Algunos “casos”, como se denomina a las víctimas en la jerga judicial, fueron parte del juicio a las juntas militares; otros, como el asesinato de Rodolfo Walsh o el del grupo de familiares y militantes secuestrados en la iglesia de la Santa Cruz, fueron parte del primer proceso pero volverán a tratarse por la participación de otros represores. Como para el tribunal esos hechos están probados, prescindirán de los testigos de contexto, en línea con las directivas de Casación para agilizar los procesos. Todas las partes, incluidos los defensores, tienen acceso a los DVD con los testimonios del juicio de 2011, que además se reproducirán en audiencias específicas los días que no haya testimoniales. Los sobrevivientes que declararon en el primer juicio oral, en tanto, no tendrán que volver a relatar sus padecimientos en cautiverio y deberán centrarse en sus recuerdos sobre el rol de los acusados.
Un rasgo distintivo del juicio será la acusación por violación al capitán Acosta a partir de una querella presentada por el Centro de Estudios Legales y Sociales en 2007. El TOF-5 ordenó en su sentencia del año pasado abrir una causa específica sobre los delitos contra la integridad sexual, una práctica sistemática y generalizada durante el terrorismo de Estado. Poco antes el juez federal Sergio Torres había procesado a Acosta por violación, figura que rechazó la Cámara Federal, que volvió a calificarla como una tortura más. El único delito que el juez Torres había elevado y que el TOF-5 decidió no incluir es el robo de bienes, que podrá juzgarse en un futuro proceso. Un rasgo no distintivo sino habitual en Comodoro Py y en varios tribunales del país es que sobrevivientes, familiares de víctimas y cualquier persona mayor de 18 años que decida asistir a las audiencias deberá cruzarse en los pasillos de tribunales con los 33 secuestradores, torturadores y asesinos que llegan a juicio en libertad o con arresto domiciliario.
diemar75@gmail.com


Los que nunca fueron juzgados

Por D.M.
La mayor parte de los acusados que llegan a juicio integraron el GT 3.3 pero son grandes desconocidos para la sociedad. Algunos rostros, con bigote reglamentario, se conocen gracias a las fotos que logró sacar de la ESMA el sobreviviente Víctor Basterra. La lista incluye a quienes secundaban a Rubén Chamorro en la dirección de la ESMA, a oficiales de Inteligencia y a guardias de los secuestrados. Más de la mitad están libres o gozan de arresto domiciliario.
- Raúl Jorge González, contraalmirante, subdirector de la ESMA entre julio de 1976 y 1978. Arresto domiciliario.
- Edgardo Aroldo Otero (Honda), contraalmirante, director de la ESMA y comandante del GT 3.3 en 1980. Arresto domiciliario.
- Julio Antonio Torti, vicealmirante, jefe del estado mayor de la Armada en 1978. En libertad.
- Hugo Héctor Siffredi (Pancho), vicealmirante retirado, agente del Servicio de Inteligencia Naval (SIN), asistente del capitán Luis D’Imperio. Desde 1980 realizó “tareas especiales de inteligencia” en la agregaduría naval en Francia.
- Mario Pablo Palet, contraalmirante. En libertad.
- Pedro Antonio Santamaría, vicealmirante. En libertad.
- Roque Angel Martello, coronel del Ejército. En libertad.
- Carlos Orlando Generoso (Fragote, Garrido, Agustín), miembro del Servicio Penitenciario Federal, integró el GT 3.3. Apartado del primer juicio por problemas de salud. Arrestado en el hospital naval.
- Claudio Orlando Pittana (Fafá, Roberto Mario Erhardt, Juan Manuel Bravo), oficial de Policía Federal, sector operaciones del GT 3.3.
- Eduardo Morris Girling, contraalmirante, miembro del SIN, jefe de inteligencia del estado mayor de la Armada entre 1980 y 1982. Arresto domiciliario.
- Juan Arturo Alomar (Ariel), capitán de fragata, miembro del GT 3.3 entre 1978 y 1980. Aviador y helicopterista, hizo una carrera similar a la de Julio Poch. En libertad.
- Jorge Manuel Díaz Smith (Luis), miembro de Prefectura, integró los grupos de tareas de la ESMA entre 1979 y 1983.
- Carlos Guillermo Suárez Mason, alias “Hijo de Sam” (por el ex comandante del Primer Cuerpo de Ejército), capitán de fragata, operaciones del GT 3.3. En libertad.
- Roberto Pérez Froio, capitán de navío, director de prensa y difusión de Cancillería en 1977/78. Arresto domiciliario.
- Eugenio Bautista Vilardo, capitán de navío, miembro de la oficina de prensa y difusión de Cancillería. Arresto domiciliario.
- Luis Ambrosio Navarro (Rafael o Wis Navarro), aviador naval, integró el GT 3.3 en 1978 y 1979 con grado de teniente de fragata.
- Randolfo Luis Agusti Scacchi (Tano), capitán de navío.
- Julio César Binotti (Ciscardo, Fernando), oficial retirado de la Armada, miembro del sector operaciones del GT 3.3 desde 1981. Basterra lo fotografió disfrazado de policía. En libertad.
- Miguel Enrique Clements (Goyo), capitán de fragata, sector operaciones del GT 3.3 en 1981 y 1982.
- Hugo Enrique Damario (Carlos, Jirafa), capitán de navío, miembro del sector operaciones del GT 3.3 y del área de prensa de Cancillería en 1978 y 1979. En libertad.
- Carlos Eduardo Daviou (Justo), capitán de navío, miembro del sector operaciones del GT 3.3. El ex capitán Scilingo lo menciono entre quienes participaron de vuelos de la muerte. En libertad.
- Francisco Armando Di Paola (Chino), capitán de fragata, actuó en operaciones, logística y personal de la ESMA entre 1979 y 1981.
- Carlos Jaime Fraguio, contraalmirante, ex director de personal naval en 1976. Arresto domiciliario.
- Miguel Angel García Velazco, capitán de navío, miembro del GT 3.3. Arresto domiciliario.
- Oscar Rubén Lanzón (Horacio Guratti), capitán de navío, actuó en el sector inteligencia del GT 3.3 y del Grupo de Operaciones Especiales de la Armada (GOEA).
- Ricardo Jorge Lynch Jones (Panceta), capitán de fragata, sector operaciones del GT 3.3 en 1977. Durante su indagatoria sugirió que quien actuó en la ESMA fue su hermano, que había fallecido. Arresto domiciliario.
- Rogelio José Martínez Pizarro (Tommy), capitán de fragata médico.
- Guillermo Horacio Pazos (Esteban), capitán de navío, contador, jefe de logística del GT 3.3 entre 1978 y 1981.
- Francisco Lucio Rioja (Fibra, Jirafa), capitán de navío, miembro del Servicio de Inteligencia Naval (SIN). En libertad.
- Miguel Angel Alberto Rodríguez (Angel, Luis Hidalgo, Castro Cisneros), capitán de fragata, jefe de logística del Grupo de Operaciones Especiales de la Armada (GOEA) entre 1981 y 1982.
- Rodolfo Oscar Cionchi (Gordo Tomás), capitán de navío, miembro de operaciones e inteligencia del GT 3.3 entre 1978 y 1980.
- Daniel Humberto Baucero (Carlos, Narigón, Garbossa), suboficial mayor, miembro del GOEA en 1980/83. En libertad.
- Daniel Néstor Cuomo (Danilo), suboficial naval, integró el GT 3.3 entre 1978 y 1982.
- Juan de Dios Daer (Oscar), suboficial naval, integró el GT 3.3 en 1982. En libertad.
- Orlando González (Hormiga, Miguel), suboficial naval, fue auxiliar del Servicio de Inteligencia Naval (SIN). En libertad.
- Héctor Francisco Polchi (Cholo, Román), suboficial naval, sector logística del GT 3.3 de 1979 a 1983. Basterra lo fotografió disfrazado de policía. En libertad.
- Paulino Oscar Altamira (Alfredo Tamburrini), suboficial de la Armada, guardia y miembro del área operaciones del GT 3.3.
- Antonio Rosario Pereyra (Leonardo, Elías Sisro), suboficial principal, operaciones del GT en 1981 y 1982.
- Carlos Gailán (Pedro Bolita), suboficial naval, ex jefe de guardias de la ESMA. Junto con el prefecto Héctor Febres se encargaba de retirar de la ESMA a los niños nacidos en cautiverio. Participaba de los “traslados”.
- Víctor Roberto Olivera (Lindoro), suboficial naval, guardia en la ESMA.
- Víctor Francisco Cardo (Morrón, Pedro, Perro Verde), suboficial naval, guardia en la ESMA.
Fotos sacadas en la ESMA por Víctor Basterra y publicadas en la página del Instituto Espacio para la Memoria.

Los que vuelven al banquillo

Por D.M.
Condenado primero por su faena en la ESMA y este año por el robo de bebés, el capitán Jorge Eduardo Acosta se sentará por tercera vez entre los acusados. La novedad para el inmutable Tigre es que deberá rendir cuentas por violar a mujeres en cautiverio. Volverán a acompañarlo los otros trece condenados y los dos absueltos del primer juicio. No estarán porque murieron tras la condena el ex mayor del Ejército Julio César Coronel (Maco) y el almirante Oscar Antonio Montes, ex canciller de la dictadura. También murió a tiempo el almirante Alberto Gabriel Vigo, que estaba incluido en la elevación a juicio del juez federal Sergio Torres. Otros dos condenados y un absuelto por el plan sistemático serán juzgados ahora por su rol en la ESMA.
- Jorge Acosta (Tigre, Aníbal, Santiago), capitán de corbeta, ex jefe de Inteligencia del GT 3.3 entre 1976 y 1979. Condenado a prisión perpetua en el primer juicio de la ESMA y a 30 años de prisión por el plan sistemático de robo de bebés. Será juzgado por primera vez por violar a secuestradas.
- Alfredo Astiz (Cuervo, Angel, Rubio, Gustavo Niño), ex teniente de fragata (dado de baja por ufanarse de su capacidad para asesinar), famoso por infiltrarse en Madres de Plaza de Mayo y por rendirse en Malvinas. Condenado a prisión perpetua.
- Ricardo Miguel Cavallo (Sérpico, Miguel Angel, Marcelo Carrasco), capitán de corbeta. Identificado por sobrevivientes en México, fue detenido en 2000 mientras intentaba huir a la Argentina. Fue extraditado primero a España y en 2008 a la Argentina. Condenado a prisión perpetua.
- Adolfo Miguel Donda (Gerónimo, Palito, Chiche), capitán de fragata, ex jefe de Operaciones del GT 3.3 entre 1978 y 1980. Luego fue segundo jefe de Inteligencia. Su hermano y su cuñada estuvieron en cautiverio en la ESMA. Condenado a prisión perpetua.
- Alberto Eduardo González (Gato, Luis, Oscar Paz Alara), capitán de corbeta, integró el sector inteligencia del GT 3.3. Desde 1978 estuvo en Cancillería y desde 1980 en la embajada argentina en Londres. Condenado a prisión perpetua.
- Antonio Pernías (Martín, Rata, Trueno), capitán de fragata. Tuvo a su cargo la “Pecera”, donde los cautivos hacían trabajo esclavo, y fue enviado al “Centro Piloto” de París. Su padre facilitó una casaquinta de Del Viso como “casa operativa” de la ESMA. Condenado a prisión perpetua.
- Jorge Carlos Radice (Gabriel, Ruger, Juan Héctor Ríos), teniente de fragata, integró el sector Inteligencia y luego logística del GT 3.3. Luego fue secretario de Emilio Massera. Supo ufanarse de ser “el mejor francotirador” de la patota. Condenado a prisión perpetua.
- Néstor Omar Savio (Halcón, Norberto), capitán de fragata, integró los sectores operaciones y logística del GT 3.3. Condenado a prisión perpetua.
- Raúl Enrique Scheller (Mariano, Pingüino, Miranda, Schelling), capitán de navío, integró el sector operaciones del GT 3.3 y luego el Copece, centro de documentación de la Armada. Condenado a prisión perpetua.
- Ernesto Frimon Weber (220 o Boero). Oficial de la Policía Federal, dio cátedra a los marinos sobre uso de la picana eléctrica. Condenado a prisión perpetua (domiciliaria).
- Juan Carlos Fotea Dineri (Lobo, Fernando), sargento de la Policía Federal, integró el sector operaciones del GT 3.3. Condenado a 25 años de prisión.
- Manuel Jacinto García Tallada, contraalmirante. Jefe del estado mayor de la Armada en 1976 y de la Fuerza de Tareas 3 en 1977. Condenado a 25 años de prisión. Arresto domiciliario.
- Carlos Octavio Capdevila (Tommy), médico y capitán de fragata. Integró el departamento de sanidad de la ESMA y atendió a secuestradas embarazadas que tuvieron a sus hijos en cautiverio. Condenado a veinte años de prisión.
- Juan Antonio Azic (Piraña, Freddy, Claudio), suboficial principal de Prefectura, integró el sector operaciones del GT 3.3. Se apropió de Victoria Donda y de Carla Silvana Ruiz Dameri, nacidas en cautiverio en la ESMA. Condenado a 18 años de prisión.
- Pablo Eduardo García Velazco (Dante), capitán de corbeta, integrante del Servicio de Inteligencia Naval (SIN). Absuelto en el primer juicio de ESMA. Arresto domiciliario.
- Juan Carlos Rolón (Juan, Niño), capitán de fragata, ex miembro del sector inteligencia del GT 3.3. Absuelto en el primer juicio (sólo fue juzgado por el asesinato de Rodolfo Walsh y los secuestros del grupo de la Santa Cruz).
- Antonio Vañek, vicealmirante. Fue comandante de Operaciones Navales en 1977 y parte de 1978. Luego fue jefe del Estado Mayor de la Armada. Condenado a 40 años de prisión por el plan sistemático de robo de bebés. Arresto domiciliario.
- Jorge Luis Magnacco (Tommy), capitán de navío, ginecólogo en el Hospital Naval, autoridad sobre la maternidad clandestina de la ESMA. Condenado en 2005 por su participación en la apropiación de Guillermo Pérez, nacido durante el cautiverio de su mamá en la ESMA, y luego por el plan sistemático de robo de bebés.
- Rubén Oscar Franco. Almirante retirado, fue el último jefe de la Armada en dictadura. Integró la junta militar que dio por muertos a los desaparecidos. Antes fue jefe del Grupo Operativo Especial de la Armada (GOEA). Fue absuelto en el juicio por el plan sistemático de robo de bebés, a quienes dio por muertos por decreto. En libertad.


Los vuelos a juicio

Por D.M.
Los vuelos de la muerte llegan a juicio. Si bien hubo condenas por víctimas como Floreal Avellaneda o el grupo de la Santa Cruz, cuyos cuerpos aparecieron en costas rioplatenses, nunca antes se juzgó en el país a pilotos o tripulantes por participar específicamente en los vuelos. El caso que más expectativas despierta en la prensa internacional es el de Julio Alberto Poch, quien confesó sus crímenes ante colegas de la aerolínea holandese Transavia, que lo denunciaron en los pagos de la princesa Zorreguieta. A partir de la investigación del Reino de los Países Bajos, Poch fue detenido en España y extraditado. El capitán Emir Sisul Hess relató ante allegados que los secuestrados adormecidos "caían como hormiguitas". La investigación que confirmó sus dichos concluyó en 2005 y se desarchivó en 2009, cuando PáginaI12 publicó su historia. El suboficial naval y mecánico Rubén Ricardo Ormello relató su actuación en los vuelos en los años '80 ante compañeros de trabajo. Los ex prefectos Enrique De Saint George, Mario Arru y Alejandro D'Agostino fueron identificados a partir de una investigación de la Procuración General de la Nación como tripulantes del vuelo en el fueron ejecutadas las monjas Alice Domon y Léonie Duquet, las fundadoras de Madres y el grupo de la Santa Cruz. Según la planilla, el Skyvan PA-51 de Prefectura despegó de aeroparque el 14 de diciembre de 1977 a las 21.30, dos horas después del montaje ideado por el Tigre Acosta para inmortalizar a las monjas francesas con una bandera de Montoneros. El avión voló tres horas y diez minutos, y regresó sin escalas al punto de partida. Seis días después aparecieron los restos de Duquet.





miércoles, 21 de noviembre de 2012

Ordenan 35 detenciones en San Rafael

Por Diego Martínez
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El ex policía Oscar Raúl Pérez fue funcionario del área de Seguridad del municipio de San Rafael hasta 2009. Su ex compañero de tareas Daniel Ernesto Huajardo seguía activo hasta estos días en una defensoría ante la Justicia Federal. El periodista Edgar Martín Ferreyra trabajó hasta hace dos años en la radio pública LV4. Los tres están ahora detenidos por orden del juez federal Eduardo Ariel Puigdengolas, imputados por delitos de lesa humanidad en San Rafael durante la última dictadura. Las órdenes de detención abarcan a 35 imputados e incluyen al ex policía Hugo Ramón Trentini, condenado en los ’90 por el asesinato del estudiante Sebastián Bordón, y al ex sacerdote Franco Revérberi, que huyó a Italia luego de que trascendiera su actuación durante la represión ilegal y sobre quien pesa una orden de captura internacional. En la misma causa sigue prófugo el ex intendente de la dictadura Luis Alberto Stuhldreher, por cuya captura se ofrecen cien mil pesos de recompensa para quien aporte información.
Las detenciones de represores de San Rafael se producen en un contexto de creciente actividad de los nostálgicos de la capucha en Cuyo. A principios de agosto, un día antes del comienzo del tercer juicio por delitos de lesa humanidad en Mendoza, fue amenazado de muerte el juez Roberto Burad, miembro del tribunal oral. Luego comenzó una campaña de desprestigio contra el abogado Diego Lavado, apoderado del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH). La campaña, con afiches en las calles, se extendió luego al fiscal federal Dante Vega y a los abogados querellantes Alfredo Guevara y Pablo Salinas. Las amenazas siguieron por el periodista Gustavo De Marinis, hermano de una desaparecida. El lunes pasado, unos desconocidos destruyeron las placas de mármol que recuerdan a las víctimas del terrorismo estatal frente a los tribunales federales de Mendoza. La sucesión de ataques fue denunciada por las respectivas víctimas. El abogado Lavado hizo públicas ayer sus sospechas sobre el fiscal de Cámara Javier Pascua como posible instigador de varios de los ataques.
Las capturas que el juez Puigdengolas ordenó esta semana fueron pedidas hace un mes por el fiscal general Omar Palermo y los fiscales federales Dante Vega y Francisco Maldonado. Hasta ayer se habían concretado diez. Uno de los flamantes detenidos con bueno vínculos en los círculos de poder locales es el ex policía Oscar Raúl Pérez, ex jefe del Departamento de Informaciones (D2) de la delegación San Rafael de la policía mendocina entre 1975 y 1978. Mendoza On Line recordó ayer que Pérez llegó a ser jefe de policía en plena democracia, que es “una persona muy influyente” en la fuerza y que hasta 2009 reportó como funcionario del gobierno municipal en el área de Seguridad. Gendarmería rodeó el lunes la manzana en donde vivía, en el Barrio Policial, en tanto agentes de la Policía Federal lo trasladaron a tribunales.
El oficial subinspector Hugo Ramón Trentini, ex guardia del centro de detención clandestino que funcionó en la seccional 32ª, es más conocido por su prontuario en democracia: fue el responsable de la comisaría 38ª de San Rafael, de la cual “huyó” en 1997 Sebastián Bordón, cuyo cadáver apareció días después. El periodista Jorge Hirschbrand recordó ayer que en 1976, un año antes de aprobar el curso de “Instrucción Contrasubversiva”, Trentini estaba de turno en la seccional donde se fraguó la liberación de Francisco Tripiana, uno de los primeros desaparecidos de Mendoza. Veinte años después, su nombre reapareció en otra historia de ficción para encubrir otro asesinato, el de Bordón, por el que terminó condenado.
El suboficial mayor Edgar Martín Ferreyra, ex miembro de la Sección Inteligencia 144 de San Rafael y ex agente de la SIDE, condujo hasta hace dos años un programa folklórico en LV4. Ferreyra llegó a ser premiado en 2009 como “ciudadano distinguido” por la municipalidad de San Rafael. El conocimiento sobre su pasado le impidió cosechar un año después la “Distinción Sanmartiniana” en la legislatura local. La orden de captura internacional del cura Franco Revérberi, ex capellán con grado de capitán, se firmó hace dos semanas. Su nombre asociado a sesiones de tortura surgió en el primer juicio oral en San Rafael. Cuando fiscales y querellantes pidieron que se lo investigara, el sacerdote huyó a Italia.
Entre lunes y martes también fueron detenidos el ex comisario Luis Juan Edgardo Graín, el oficial principal Orlando Gerardo Gutiérrez –que también hizo el curso de “Contrasubversión” en 1976–, el ex subcomisario de la comisaría 8ª Isidro Freire, el ex subcomisario Daniel Navarro Frías y el ex comisario Ciro Isidro Maza Correa. “Estoy gratamente sorprendido por la cantidad de detenciones”, afirmó Mariano Tripiana, querellante y miembro de Hijos San Rafael. “Es muy importante que no queden impunes, que no puedan seguir caminando por las calles y actuando desde distintos espacios contra el proceso de justicia”, explicó.

jueves, 25 de octubre de 2012

Sexta condena por el asesinato de Albareda


La Cámara de Casación ratificó las condenas a prisión perpetua por el crimen del subcomisario Ricardo Albareda y revocó la absolución del ex policía Calixto Flores.


Por Diego Martínez
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Luciano Benjamín Menéndez, al lado de Calixto Flores, condenado a seis años de prisión.
La Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal confirmó la sentencia que condenó a Luciano Benjamín Menéndez y otros cuatro represores por el asesinato del subcomisario Ricardo Fermín Albareda en 1979, y revocó la absolución dictada hace tres años por el Tribunal Oral Federal 1 de Córdoba en beneficio del ex policía Calixto Luis Flores. Con el voto mayoritario de los jueces Mariano Borinsky y Gustavo Hornos, Casación decidió condenar también al ex miembro del Departamento de Informaciones (D-2) de la policía de Córdoba a seis años de prisión. El Chato Flores está preso en la cárcel de Bouwer desde diciembre de 2010, cuando el mismo tribunal que lo había absuelto por el secuestro de Albareda lo sentenció a prisión perpetua en la causa por los fusilamientos de presos políticos en la Unidad Penitenciaria 1.
El asesinato de Albareda, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), es de los más brutales que se conocen. El subcomisario de la policía provincial fue secuestrado el 25 de septiembre de 1979 a la noche, mientras se trasladaba en su Peugeot 404, que quedó abandonado en la calle. Los miembros de la brigada del D-2, que se trasladaban en dos vehículos, lo llevaron al centro clandestino Chalet Hidráulica o Embudo, en una de las márgenes del lago San Roque, en Villa Carlos Paz. Luego de someterlo a sesiones de torturas físicas y psíquicas, los subordinados del general Menéndez, entonces comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, le seccionaron los testículos y lo dejaron desangrar hasta la muerte. El operativo fue encabezado por los comisarios Raúl Pedro Telleldín y Américo Pedro Romano, que murieron impunes.
El caso Albareda llegó a juicio en 2009. El 11 de diciembre el TOF1 de Córdoba condenó a prisión perpetua a Menéndez, al jefe de la policía de Córdoba, coronel retirado Rodolfo Aníbal Campos, al subdirector de la Dirección General de Inteligencia de la Policía, comisario César Armando Cejas, y al ex agente Hugo Cayetano Britos; a 16 años de prisión fue condenado el ex cabo de policía Miguel Angel Gómez. Los últimos dos integraban el grupo operativo que encabezaba Cejas. El tribunal los responsabilizó por los delitos de secuestro, torturas y homicidio agravado por ensañamiento, alevosía y pluralidad de partícipes. En el mismo fallo, los jueces Jaime Díaz Gavier, Sergio Grimaux y José Quiroga Uriburu absolvieron a Flores, que había llegado al juicio acusado sólo por la privación ilegítima de la libertad de Albareda.
El fiscal general Carlos Gonella, al apelar la absolución, consideró que no estaba bien fundamentada, cuestionó al tribunal por relativizar los fragmentos del testimonio del sobreviviente Carlos Raimundo Moore, que aludían a Flores como uno de los integrantes “estables” de las brigadas que operaron en el Chalet de Hidráulica con activa participación en secuestros, enumeró las pruebas que respaldaban la acusación y solicitó que se condenara al ex policía a seis años de prisión.
El juez de Casación Juan Carlos Gemignani, que votó en primer turno, respaldó la decisión de absolver a Flores. Borisnky y Hornos, en cambio, consideraron que “corresponde descalificar” la absolución por ser “el resultado de un análisis aislado y fragmentario de un único elemento de prueba”, en referencia al testimonio de Moore. Ambos magistrados tomaron nota de que Flores se desempeñó en la sección “contrainteligencia” de la Dirección de Informaciones, donde era calificado por Cejas; destacaron que fue reconocido por testigos como integrante de las brigadas operativas y de una de las guardias del centro clandestino Chalet de Hidráulica, y que en su propio descargo se definió como “un veterano de la guerra antisubversiva”. El conjunto de pruebas documentales “le otorgan credibilidad a la información suministrada por Moore”, concluyeron los jueces, que con su voto mayoritario dieron vuelta la absolución.
Es la tercera vez que la Sala IV de Casación condena a un represor absuelto durante un juicio oral por delitos de lesa humanidad. En fallos anteriores habían revocado las absoluciones del ex jefe de la Policía Federal de Neuquén Jorge Alberto Soza, y de los ex jefes del área militar que operaron en la ciudad de Buenos Aires bajo jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército.

domingo, 21 de octubre de 2012

Los 35 años de Abuelas y los desafios según Manuel



Por Diego Martínez
“Me siento a le mesa, las escucho, las veo moverse, pienso en todo lo que hicieron y en que dentro de cien años la historia va a seguir hablando de ellas y me sigo conmoviendo”. El hombre de voz cálida y hablar pausado que se conmueve es Manuel Gonçalvez Granada, el primer nieto recuperado que integra la comisión directiva de Abuelas de Plaza de Mayo. “Soy el único con un cargo pero somos varios lo que ayudamos. Antes nos invitaban, ahora organizamos”, cuenta con orgullo, y habla de “acompañamiento generacional que algún día será recambio”. El pibe que recuperó su identidad en 1997, que ya logró la condena del asesino de su padre y acaba de declarar en el juicio a los acusados de matar a su madre, habla con PáginaI12 sobre el valor de la verdad, el crecimiento de la conciencia sobre lo que significa recuperar la identidad, el acompañamiento imprescindible del Estado y el desafío de hacer llegar el mensaje de Abuelas a los bisnietos, para que interpelen a sus padres apropiados y no deban criarse con la identidad falsa que les impone también a ellos el terrorismo de Estado.
--¿Recuerda la primera vez que escuchó hablar de Abuelas?
--Debe haber sido a principios de los '90, no tengo un recuerdo preciso. A mí me ubicaron en 1995 y el examen positivo fue en 1997 así que debe haber sido en los años previos. En esa década Abuelas no tenía una gran capacidad de difusión, no tenía las herramientas actuales y el acceso a medios de difusión masivos, así que mi referencia era muy poquita.
--¿Cómo fue la relación una vez que supo su historia?
--Después de que conocí a mi abuela y a mis hermanos empecé a ir a Abuelas. Era una necesidad mía, era el lugar donde sentía que entendían lo que me estaba pasando. Recuerdo un lugar pequeño, la sede histórica de calle Corrientes. Era todo muy extraño porque nunca había sentido esa cercanía con gente que no conocía. Sin embargo fue inmediato, no sólo con las abuelas sino con quienes trabajaban ahí: todos conocían exactamente lo que me estaba pasando, mi historia. No hace falta que te digan nada, sabés que ellos saben y eso no lo encontrás en otro lado. Desde ese momento hasta hoy siempre fue muy especial ir a la casa de Abuelas. Hoy me siento a le mesa con ellas, las escucho, las veo moverse, pienso en todo lo que hicieron y en que dentro de cien años la historia va a seguir hablando de ellas y me sigo conmoviendo.
--Es el primer nieto recuperado que integra la comisión directiva de Abuelas. ¿Qué significa ocupar ese lugar?
--Es una situación muy linda que hayan decidido incorporar a un nieto. Me tocó a mí, obviamente es un mimo enorme y a la vez es una responsabilidad que nos están planteando. El recambio generacional tiene que ver con una lucha que se extendió en el tiempo y después de 35 años necesitan que los nietos las ayudemos, las acompañemos, aprendamos de ellas. Que hayan elegido a uno para estar formalmente dentro del estatuto de Abuelas no sé en qué palabras ponerlo: me da mucho orgullo que lo hayan decidido, que me hayan convocado para una tarea que en realidad no cambia la práctica ya que siempre estuve cerca e hice todo lo que estuvo a mi alcance. La decisión de que un nieto esté en la comisión directiva, aunque me resulta incómodo decirlo porque soy yo, me parece una decisión sabia, por la necesidad que plantearon de un acompañamiento generacional, que en algún momento será un recambio ya que nos queda mucho por recorrer, faltan casi 400 nietos, así que tiene mucho sentido que quienes recuperamos la identidad podamos acompañarlas.
--¿Cómo es estar en la cocina de Abuelas, como son las reuniones de comisión directiva? ¿Lo dejan hablar?
--Sí (sonríe), igual no soy el único nieto que participa de las reuniones. Participan otros y muchos no se acercan por temas laborales o de distancia pero el que puede siempre está, todos sentados a la mesa y participando, transmitiendo novedades o cosas por hacer. Es una interacción que la grandeza de las abuelas permite que sea de igual a igual. Eso lo valoramos mucho porque en definitiva quienes pasan a la historia son ellas, y que nos permitan sentarnos, opinar, proponer y debatir habla de un entendimiento sobre la necesidad de que nos formemos, aprendamos y de que esta lucha continúa.
--Abuelas es noticia cada vez que identifican nietos o nietas pero también hay exámenes de ADN que dan negativo o abuelas que mueren sin haber encontrado a sus nietos. ¿Cómo se sobrellevan esos golpes?
--Es muy doloroso cada vez que se pierde una abuela, sobre todo cuando lucharon tanto y no llegaron a encontrar a su nieto o nieta. La situación de los resultados negativos no se plantea a diario porque son miles los análisis que se han hecho, todo el tiempo se derivan casos al banco de datos genéticos del Hospital Durán y, salvo algún caso puntual que se relacione con tal o cual historia, no hay una vivencia directa de cada análisis. Recién cuando dan positivo se empiezan a entrecruzar situaciones.
--¿Cuáles son los desafíos actuales de Abuelas? El objetivo es claro pero qué más se plantean hacer para alcanzarlo.
--Creo que lo logrado a nivel comunicación es lo que permitió que la lucha de Abuelas no sea solitaria como al comienzo sino que gran parte de la sociedad está atenta y recibamos todo el tiempo gente que quiere colaborar o denunciar. El crecimiento de la conciencia de lo que significar recuperar la identidad es uno de los desafíos a sostener: seguir incorporando a la sociedad a esta lucha, ya que los nietos pueden ser vecinos, parejas, amigos, están entre nosotros. Obviamente que el crecimiento de la difusión en los últimos años está atado a una decisión política y la cantidad de chicos que se acercaron buscando su identidad no hubiera sido posible sólo con la voluntad de Abuelas; fue también por la responsabilidad de un Estado que decidió participar a nivel comunicacional. A futuro hay que sostener eso y seguir incorporando elementos para la búsqueda. Abuelas empezó buscando bebés, después niños, adolescentes y hoy adultos, que en muchos casos son papás o mamás. En este momento estamos empezando a trabajar para que el mensaje de la búsqueda sea comprendido por la generación de los bisnietos, nacidos en muchos casos en 2000, como mi hija. Si no me hubiesen encontrado ella tendría hoy una identidad falsa. El daño de la dictadura se sigue produciendo sobre esos niños que viven con una identidad que no es suya. Por eso trabajamos con escritores de cuentos de niños, con Paka Paka, elaborando contenidos que sirvan de disparador para que su mamá o su papá se animen a buscar y se den cuenta de que no hacerlo es también transmitir la incomodidad que sienten a sus hijos. Al mismo tiempo tratamos de que el aporte sea colectivo y superador, ya que el objetivo no es sólo encontrar a los nietos sino que la generación de los bisnietos crezca entendiendo y valorando el sentido de la identidad.
--¿Cuál es la principal enseñanza que le dejaron estos años en Abuelas?
--Las abuelas me enseñaron el valor de la verdad, lo necesaria que es la verdad vinculada al origen de la persona. A partir de ahí todo lo que venga estará condimentado con algo sano, porque nosotros hemos crecido con una historia y una identidad que no eran nuestras y entonces todo lo que se construyó en esa vida casi que no corresponde. Ese pasado es parte de nuestra vida pero a partir de que nos encuentran es difícil acomodarlo, me cuesta mirar esos años que viví con otra identidad, construyendo una vida que nunca debió haber pasado, y cuando lo hago veo a otra persona, es extraño. Hoy lo veo desde el lugar de la verdad. Por eso destaco el valor de la verdad. A partir de ahí construís una vida mucho más sana, porque cada uno decide qué hacer, cómo recuperar su nombre. Es como volver a empezar.
--Recuperó la identidad en 1995, lleva casi la mitad de su vida luchando por verdad y justicia...
--Sí, todavía viví más años con la identidad impuesta por la dictadura que con la mía.
--La pregunta era ¿Cómo imagina esta lucha dentro de diez o veinte años?
--Espero que para ese tiempo hayamos encontrado a todos los nietos, pero bueno, lo que imagino es una situación en la que vamos a sostener las banderas que han ganado las abuelas. Vamos a sostener la misma lucha de las Abuelas aunque obviamente no las vamos a poder reemplazar. Quedará en nosotros la responsabilidad y la capacidad de sostener a Abuelas sin las abuelas. Está claro que hay una relación directa por haber recuperado la identidad pero que no somos las abuelas, por eso deberemos armarnos de fuerza y de las herramientas que sepamos construir. El gran camino lo han hecho ellas y el objetivo está claro, nosotros tenemos que sostenerlo. El desafío es mantener lo logrado.

domingo, 7 de octubre de 2012

Murió Saint Jean

Por Diego Martínez

/fotos/20121007/notas/na15fo01.jpgEn una cama del Hospital Militar, atendido por sus médicos y rodeado por sus seres queridos, murió a los 90 años el general retirado Ibérico Manuel Saint Jean, interventor de la provincia de Buenos Aires durante la última dictadura y uno de los dos hombres a quienes rendía cuentas Ramón Camps, jefe de policía y del mayor circuito de centros clandestinos de exterminio del país. Saint Jean fue procesado y era juzgado desde hace un año por el Tribunal Oral Federal N0 1 de La Plata por 61 secuestros y torturas, por el homicidio de Jorge Rubinstein –apoderado del Grupo Graiver– y por haber implementado un plan criminal y clandestino que incluía torturas y asesinatos con la excusa de “combatir a la subversión”.
“Primero mataremos a todos los subversivos, luego a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y finalmente a los tímidos”, prometió en 1977 durante una cena de camaradería. No era un eufemismo sino una práctica concreta que los subordinados de Camps aplicaban en lugares que ellos mismos llamaban pozos: Pozo de Quilmes, Pozo de Banfield, Pozo de Arana. Saint Jean supo jactarse mientras regían las leyes de impunidad de haber hecho desaparecer “cinco mil subversivos”, pero se llamó a silencio cuando lo citó la Justicia: en 2007, en los Juicios por la Verdad, luego como imputado. Esos pozos sobre los que prefirió no hablar amparándose en las garantías que lo protegieron hasta su último día fueron la última escala previa a la muerte de miles de desaparecidos que terminaron enterrados en fosas comunes y que continúa identificando el Equipo Argentino de Antropología Forense.
“El Primer Cuerpo de Ejército, que encabezó en la provincia la lucha contra el terrorismo y no dependía del gobernador (sic), era comandado por el general Carlos Guillermo Suárez Mason”, pretendió ayer el diario La Nación, férreo aliado de Saint Jean en su lucha por la impunidad mientras vivió y en lavar su imagen apenas muerto. Fue el propio Camps quien no ocultó el conocimiento y la complicidad de Saint Jean. “Había dos superiores a quienes rendir cuentas: el gobernador, por ser la autoridad natural de la policía, y el comandante del Primer Cuerpo de Ejército”, escribió en El caso Timerman, como tituló su libro.
Nacido en 1922, Saint Jean egresó del Colegio Militar a fines de 1943, fue director de la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral, agregado militar en Brasil y cumplió funciones en el Estado Mayor del Ejército. Estudió abogacía en la Universidad Nacional del Litoral y pasó a retiro en febrero de 1973. Después del golpe de Estado, la junta militar lo nombró interventor en la provincia: ocupó el cargo entre el 8 de abril de 1976 y el 28 de marzo de 1981. El voto “sirve para imponer la dictadura de la mayoría”, dijo en 1980 en el Rotary Club de Mar del Plata. “Puede ser mucho peor cuando los tiranos son muchos que cuando es uno solo”, teorizó. En 1982, mientras su hermano Alfredo Oscar era ministro del Interior del dictador Galtieri, justificó la guerra de Malvinas y opinó que el balance era “altamente positivo, más allá del dolor de la derrota”. En 1985 visitó a su amigo Camps, preso en La Tablada, y al año siguiente sus hijos abogados defendieron al ex chofer de su jefe de policía, Norberto Cozzani. Ambos terminaron condenados en el segundo y último juicio a represores antes de las leyes de impunidad. Saint Jean, en cambio, salió ileso de esa primera etapa de justicia post-dictadura.
“No voy a declarar. No tengo nada para aportar e ignoro lo acontecido”, se limitó a decir en 2007 ante la Cámara Federal de La Plata que lo citó al Juicio por la Verdad por los secuestros de la familia Bettini. María del Carmen Frencese de Bettini se había enterado por gestiones de un sacerdote ante Saint Jean que su esposo, desaparecido, había sido asesinado. En mayo de 2008, el juez Arnaldo Corazza lo procesó por el secuestro y las torturas al periodista Jacobo Timerman y le concedió el arresto domiciliario. La causa la inició el abogado Alejo Ramos Padilla, quien destacó que Saint Jean había aportado un equipo de funcionarios para colaborar en “la investigación y los interrogatorios” de Timerman, según consignó Camps.
Saint Jean fue procesado por la Cámara Federal por 61 privaciones ilegales de la libertad y tormentos. El 8 de septiembre de 2011 se sentó por primera vez en el banquillo frente al TOF–N0 1 de La Plata y una vez más se negó a declarar. Su última batalla, que encabezaron su hijo Ricardo y el abogado Sebastián Olmedo Barrio, fue para ser declarado incapaz y excluido del proceso. Pese a la “actitud de obstrucción” y el “auxilio antiético” del Cuerpo Médico Forense con la “maniobra de simulación” de los abogados, los jueces Carlos Rozansky, Roberto Falcone y Mario Portela concluyeron que “la incapacidad sobreviviente sólo constituye una pretensión de la defensa” y denunciaron a los peritos oficiales, que interrumpían a Saint Jean para callarlo cada vez que empezaba a explayarse con lucidez. A principios de septiembre fue enviado al hospital de la cárcel de Ezeiza y tres semanas después al Hospital Militar. El 17, los jueces fueron a indagarlo por el homicidio de Rubinstein. “Me pusieron de gobernador para perseguir el tráfico de drogas”, fue lo único que dijo, acompañado por su esposa y dos de sus cinco hijos (uno es el fiscal porteño Marcelo Saint Jean). La semana pasada, la Cámara de Casación ordenó concederle el arresto domiciliario. Fue el último beneficio que el Estado de Derecho le concedió al general que se ufanó de matar tímidos e indiferentes.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Batallón 601: Somoza y Baca condenados, Cirino absuelto


Por Diego Martínez
Dos agentes civiles del Batallón de Inteligencia 601 fueron condenados a diez años de prisión por delitos de lesa humanidad cometidos en 1980 en el marco de la contraofensiva de Montoneros contra la dictadura. La sentencia del juez Ariel Lijo recayó sobre Carlos Eduardo Somoza y Jorge Oscar Baca, que sirvieron al terrorismo de Estado con los seudónimos César Ernesto Segal y Juan Omar Boyé. El juez absolvió a Julio Alberto Cirino (fotos), alias Jorge Abel Contreras, ex miembro de un grupo operativo del 601. Si bien un documento desclasificado del Departamento de Estado prueba que se ufanó ante diplomáticos norteamericanos de visitar centros clandestinos e incluso contó que muchos inocentes fueron sacrificados para que hombres como él no puedan ser identificados, Cirino seguirá libre e impune porque la entrevista en la embajada de Estados Unidos que prueba su responsabilidad penal fue en 1979 y se lo juzgó por delitos de 1980.
El Batallón 601 fue “un núcleo central en cuanto a operaciones de Inteligencia a lo largo y ancho del país”, afirmó Lijo. Sus agentes actuaron “desde la absoluta clandestinidad al amparo del poder estatal” y se encargaron de la “supresión de documentos, registros y pruebas”, tarea que les permite seguir impunes aun cuando sus legajos son de acceso público. La prueba central contra los dos condenados es el testimonio de Silvia Tolchinsky, secuestrada el 9 de septiembre de 1980 en Mendoza y trasladada a Campo de Mayo, donde estuvo en cautiverio durante dos años.
Baca, El Negro Boyé, ingresó como personal civil de Inteligencia (PCI) al Ejército en 1976 y dos años después comenzó a recibir bonificaciones por “tareas riesgosas”. “Colaboró activamente para que Tolchinsky fuera privada de la libertad ilegítimamente y recibiera todo tipo de tratos humillantes y vejatorios”, sostuvo Lijo. Baca fue a Cuyo a buscar a la secuestrada, la trasladó el 11 de septiembre y participó de los interrogatorios. Somoza, fotointérprete en los papeles, era un interrogador robusto y encorvado a quien Tolchinsky mencionó como Fito o Segal. Un ex miembro del 601 declaró ante Conadep que Segal era El Gordo 2, uno de los “IPG, interrogadores de prisiones de guerra”. Como Fito, lo denunció también el sobreviviente Juan Carlos Scarpatti.





lunes, 3 de septiembre de 2012

La placa que disgustó al brigadier


En el Centro Educativo de las Fuerzas Armadas fue tapada una placa que recordaba que militares franceses instruyeron a oficiales argentinos en el uso de torturas y secuestros. Puricelli le envió a Chevalier un informe de Derechos Humanos sobre la Escuela Francesa.

Por Diego Martínez
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“Injuriosa e insultante placa”, consideró una revista militar.
El brigadier general Jorge Alberto Chevalier profundiza en estos días sus conocimientos acerca del rol de los instructores franceses en la formación recibida por militares argentinos sobre la tortura como método para arrancar información o los asesinatos clandestinos para borrar huellas. A más de medio siglo de las primeras conferencias sobre la doctrina de la guerra contrarrevolucionaria en la Escuela Superior de Guerra, el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas objetó el contenido de una placa instalada en el hall de entrada del flamante Centro Educativo de las Fuerzas Armadas (CEFA) para recordar que cientos de oficiales argentinos se formaron en esas aulas en las “prácticas genocidas” que aplicaron durante la última dictadura. El ministro de Defensa, Arturo Puricelli, le dejó pasar a su subordinado que cubriera la placa con un paño negro y después con un bronce, pero encomendó a la Dirección Nacional de Derechos Humanos y Derecho Humanitario un informe sobre la “Escuela Francesa” y luego se lo entregó a Chevalier, quien ahora debe decidir entre fundamentar su objeción por escrito o limitarse a descubrir la placa en silencio.
La periodista Marie-Monique Robin, autora del libro y del documental Escuadrones de la Muerte. La Escuela Francesa, publicó que ya en 1957 los coroneles Patrice de Naurois y Pierre Badie fueron reclutados por el Estado Mayor para difundir la doctrina de la guerra contrarrevolucionaria. Dos años después, el general Robert Bentresque se instaló en Buenos Aires para trabajar como docente en la ESG de avenida Luis María Campos. “Traté de explicarles esta guerra subversiva, esta guerra desde abajo, diciéndoles que el enemigo a veces puede ser ese muchacho con el que tomamos whisky”, recordó ante Robin. El libro incluye fotos de militares franceses con el dictador Pedro Eugenio Aramburu en Casa Rosada en tiempos de la batalla de Argel, que durante años se presentó como modelo a imitar en la “lucha antisubversiva”, o del cardenal Antonio Caggiano inaugurando junto al presidente Arturo Frondizi un curso interamericano de guerra contrarrevolucionaria. La influencia de la Escuela Francesa sobre los militares argentinos consta en publicaciones oficiales, fue mencionada por periodistas y académicos, y admitida en entrevistas filmadas con Robin por iconos del terrorismo estatal del Cono Sur, como los generales Ramón Díaz Bessone y Albano Harguindeguy, o el ex jefe de la DINA chilena Manuel Contreras.
La idea de recordar el rol de los militares franceses sobre sus pares argentinos, a quienes enseñaron la división del territorio en zonas y áreas o la reeducación de prisioneros para usarlos como agentes propios, surgió de funcionarios de Defensa durante una recorrida por la ESG, donde se imponen las placas de los Familiares y Amigos de Muertos por la Subversión (Famus). “En la parte antigua del edificio hay placas de distintas etapas de la historia. En el marco de la política del gobierno sobre la memoria, de no sacar cosas de las paredes salvo que sean delictivas, de no borrar la historia sino contarla toda, surgió la idea de mencionar a la Escuela Francesa”, explicó a Página/12 el profesor Carlos Pérez Razzetti, subsecretario de Formación del Ministerio de Defensa. La tarea fue encargada a la Dirección de Derechos Humanos, a cargo de Stella Segado.
“En este lugar funcionó la Escuela Superior de Guerra del Ejército Argentino”, recuerda la placa, que se instaló en silencio a principios de junio. “Las aulas de este edificio fueron testigos de la formación impartida a los oficiales jefe y oficiales superiores del Ejército en las técnicas de la denominada ‘Escuela Francesa’, en las que el secuestro, la tortura y la desaparición conformaron la columna vertebral de las prácticas genocidas amparadas en la doctrina de la ‘Seguridad Nacional’ impuesta por el terrorismo de Estado que sufrió la Argentina durante la última dictadura cívico-militar, entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983”, explica.
El CEFA, para el que el Estado construyó un nuevo edificio detrás de la ESG, se inauguró el 6 de junio. “Tiene como origen el aprendizaje obtenido en la Guerra de Malvinas y quiere simbolizar una nueva operativa de las fuerzas”, explicó la presidenta Cristina Fernández, que encabezó ese día el acto de ascenso post mortem del teniente de fragata Jorge Alberto Devoto, desaparecido del edificio Libertad en 1977, cuando fue a averiguar el paradero de su suegro. Después del acto, Puricelli se trasladó a Luis María Campos 480 y recorrió los edificios del CEFA, que depende del Estado Mayor Conjunto, a cargo de Chevalier. El contenido de la placa, que ya estaba instalada, no se difundió oficialmente.
“Injuriosa e insultante placa”, renegó días después la revista Tiempo Militar. Sus seguidores cuestionaron la hombría de Chevalier y uno propuso “romper la placa a mazazos”. El coronel retirado Jorge Augusto Cardoso, que en 1976 fue comisionado al Tercer Cuerpo de Ejército, más precisamente a la policía de Córdoba, la consideró “un infame e injustificado agravio” y reclamó desde una carta de lectores que se fundamente su contenido o se exija un desagravio a sus autores. Cardoso informa en su blog que se dedica “a la cátedra universitaria, la capacitación docente y empresarial”, admite que es “sustantivamente un soldado” y nada dice sobre su actuación durante la dictadura.
En ese contexto, con Puricelli de viaje por China, fue que alguien cubrió con un paño negro la placa en el CEFA. En la práctica nadie se hizo cargo de la decisión. “La orden de descubrir la placa y la orden de taparla se dieron desde Defensa. Fue una orden verbal que recibió el director del CEFA, contraalmirante (José María) Martín, y el motivo habría que preguntárselo a Defensa, no hay documentación respaldatoria”, dijo un vocero del EMGC ante la consulta de Página/12.
Desde Defensa aseguran que nadie ordenó taparla. “El Estado Mayor Conjunto le planteó al ministro dudas sobre los hechos históricos que se mencionaban”, explica Pérez Razzetti. “‘Hay gente que dice que no fue así, que esos instructores no estuvieron en la ESG’, le dijeron. El ministro pudo haber dicho ‘es una orden y basta’, pero en lugar de imponer su autoridad prefirió que se imponga la autoridad de la historia, pidió que se haga una investigación y que se le envíe a Chevalier. Me parece una manera respetuosa de trabajar en conjunto”, destacó el subsecretario de Formación. El informe lo armó la Dirección de Derechos Humanos e incluye programas de estudio y bibliografía sobre la doctrina que los franceses aplicaron en Indochina y Argel y los argentinos en su territorio. El próximo paso corresponde al brigadier Chevalier.

miércoles, 15 de agosto de 2012

“Sonrió y era la sonrisa de mi hermano”


Antes de que su sobrino fuera identificado este mes, los hermanos Gaona Paiva lo habían visto sólo una vez: ese mismo día de 1978 fue secuestrado con sus padres. Aquí describen la búsqueda y el reencuentro: “Nos dimos un abrazo fuerte, fue terrible, lindo, todo junto”.

Por Diego Martínez
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Rigoberto Gaona Paiva, Gilberto y su hija Noelia.
Los hermanos Gaona Paiva, seis varones y una mujer, se vieron por última vez el 14 de mayo de 1978. Fue en casa de los viejos, en Villa Celina, para celebrar el aniversario de la independencia de Paraguay y conocer a Pablo Javier, el primer sobrino. El bebé de un mes y un día pasó por todos los brazos y a la tarde partió con sus padres rumbo a Capital. Pero nunca llegaron a destino: el Estado terrorista borró de la tierra a Ricardo, Petí para los íntimos, y a su mujer, María Rosa Miranda, Mery, militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo. Los hermanos de Petí, futboleros de alma, buscaron a Pablo en potreros y estadios. Julio César “Chicho” Gaona, que en los ’80 llegó a jugar en Boca y en la selección juvenil, quiso hacer pública la historia, pero los hermanos lo frenaron: “Te van a limpiar, todo a su tiempo”. En 2001 dejaron muestras de ADN en el banco de datos genéticos de Abuelas de Plaza de Mayo. El 1º de agosto, Rigoberto y Oscar fueron convocados a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi). “Yo venía en el aire, como en las películas –cuenta Rigoberto–. Nos sentamos a esperar y, cuando salió, así (saca pecho), era la foto de mi hermano, no hacía falta ni ADN. Nos dimos un abrazo fuerte, nos quebramos un cachito. Fue terrible, lindo, todo junto.”
–¿Cuándo vinieron de Paraguay?–En 1959 vino papá a buscar ubicación. Después vino mi mamá con mi hermana y Oscar recién nacido. Yo vine con Ricardo en 1968, él tenía doce años. Acá nacieron Gilberto y Julio César –responde Rigoberto y asiente Gilberto, a quien acompaña su hija Noelia.
–¿Ricardo militó primero en la JUP?–Sí, en Villa Martelli. El se metía en los barrios humildes y trabajaba, siempre estaba en reuniones, vivía de eso.
–Lo que nosotros vivíamos con el fútbol él lo vivía con la política –apunta Gilberto.–Tal vez ese destino, el fútbol, nos salvó –redondea su hermano.
–¿Cuándo cayó preso?–Poco antes del golpe de Estado. Lo detuvieron con un grupo de compañeros. Estuvieron en una comisaría de Villa Martelli y de ahí lo llevaron a la cárcel de Olmos. Creo que estuvo tres meses. Después salió, conoció a Mery y empezó a militar en el ERP. Hasta que pasó lo que pasó.
–¿Ese 14 de mayo conocieron a Pablo?–Sí, un domingo, día de la Independencia de Paraguay. Nos juntamos toda la familia, mis padres, todos mis hermanos con novias, esposas, y Pablo, tan bebé, tan chiquito... fue la última vez que lo vimos.
–Yo lo alcé una sola vez –agrega Gilberto, serio–. Era el primer bebé, era la noticia, nos juntamos para conocerlo y nunca más lo pudimos ver.
–¿Saben dónde los secuestraron?–No. Sabemos que fue ese día porque no llegaron al edificio donde vivían y donde Petí trabajaba de portero, en Rodríguez Peña. Nunca más una noticia.
–¿Cómo fue la búsqueda?–Al principio no sabía que desaparecía tanta gente. Tomé dimensión cuando vinieron de los derechos humanos –dice Rigoberto, en referencia a la visita de la Comisión Interamericana en 1979–. El primer día nos volvimos porque había mucha gente, el segundo no pudimos ir y el tercero metieron a los extranjeros en un salón a llenar un formulario con datos. Al año recibimos una carta de los Estados Unidos, pero preguntando si sabíamos algo, fue otra decepción. Lo esperamos, lo buscamos en concentraciones, marchamos con la foto cada Día de la Memoria, preguntamos a amigos, en la colectividad cuando supimos que se intercambiaban detenidos en el Plan Cóndor, y en 1984 hicimos la denuncia ante la Conadep.
Gilberto pide la palabra, falta un hecho clave: “Después del 14 de mayo un grupo de tareas vino a levantarnos a la casa de Villa Celina. Fueron dos Falcon, tipo tres de la madrugada. Ellos estaban como de joda, sacando juguetes obscenos adelante nuestro. Nos trajeron a la policía central para hacernos preguntas. Mis padres y hermanos, yo con 18 años, Julio César con 16. Estuvimos 18 horas parados. Recuerdo que escuchaba gemidos y quejidos y pensaba ‘están torturando a mis padres’, una impotencia terrible, no se puede borrar. La abuela de Pablo también fue secuestrada”.
El diálogo transita hacia la entrega de muestras de sangre, la esperanza renovada ante cada nieto recuperado, y llega al 1º de agosto: “Cuando llamaron de Conadi pensé que era un trámite. Estaba en la calle, con el gasolero, soy medio sordo. ¿Puedo ir mañana? ‘No, venga’. Llego a casa y habían llamado a Oscar. ‘Parece que lo encontraron.’ Yo venía en el aire, como en las películas. Nos sentamos a esperar y, cuando salió, así (saca pecho), era la foto de mi hermano, no hacía falta ni ADN. Nos dimos un abrazo fuerte, nos quebramos un cachito. Fue terrible, lindo, todo junto”.
–¿Hablaron?–Poquito. No sabíamos de qué y me dijeron que no pregunte mucho. Después vinimos acá (la sede de Abuelas), nos pasamos el celular y le mandé un solo mensaje para que no se sienta acosado. Es que al segundo día no podía dormir, salía a la calle mal. Se lo puse en un mensajito, y pide tiempo, pero dice que está bien. Tenemos que dejar que se tome su tiempo.
–¿En qué se parece al padre?–La fisonomía, es igual... en un momento le arranqué una sonrisa. Estábamos sentados uno al lado del otro sin saber bien qué decir cuando llama mi señora. “Estoy con mi sobrino, es un muchacho parecido al papá, pero te voy a contar algo: es de River”. Entonces sonrió y era mi hermano, era la sonrisa de Petí.
–¿Cómo recibió la noticia la abuela?–Mamá acaba de cumplir 82 años así que no se lo dijimos de una, la fuimos trabajando. Ahora ya sabe, le afectó y por supuesto lo quiere ver. Somos una familia grande, lo vamos a ir conociendo de a pocos, hasta que él pueda venir a casa. Es difícil saber qué rumbo tomar, para él y para nosotros. Si fuera por mí lo llevo ya, pero hay que pensar que somos unos extraños para él y hay que respetar sus tiempos.
Antes de concluir, Rigoberto quiere “agradecer a los amigos que nunca dejaron de preguntar, a la colectividad paraguaya que no deja de llamar, a los compañeros del Movimiento Evita de Villa Martelli con los que marchamos el Día de la Memoria en Plaza de Mayo, y a las Abuelas, claro, no hace falta decirlo”.

sábado, 4 de agosto de 2012

“Piedra basal de la impunidad”


El Tribunal Oral Federal de Santiago del Estero había sobreseído a los ex magistrados Arturo Liendo Roca y Santiago David Olmedo de Arzuaga porque las acusaciones en su contra “estaban prescriptas”. Casación consideró que son delitos de lesa humanidad.


Por Diego Martínez
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El ex juez David Olmedo de Arzuaga había logrado eludir la Justicia: será investigado por su acción en la dictadura.
La Cámara Federal de Casación Penal ordenó investigar la participación de dos ex magistrados de Santiago del Estero en delitos de lesa humanidad cometidos en 1975 y 1976. Se trata de Arturo Liendo Roca y Santiago David Olmedo de Arzuaga, quienes podrán ejercer el derecho de defensa del que no gozaron las víctimas del ahora condenado Musa Azar, a quien en pleno terrorismo de Estado visitaban en su oficina de la Dirección de Informaciones de la policía provincial, a metros del sótano donde estaban los cautivos torturados que pedían sin suerte ser escuchados. Dos meses después de que el Tribunal Oral Federal de Santiago del Estero los sobreseyera porque los delitos estaban prescriptos, la Sala IV de Casación estableció que se trata de crímenes de lesa humanidad, por ende imprescriptibles. Los jueces Mariano Borinsky, Juan Carlos Gemignani y Gustavo Hornos calificaron la actuación de los ex magistrados como “piedra basal de la impunidad” de los represores santiagueños y compararon el rol del Poder Judicial durante la dictadura con “la judicatura de la Alemania nazi”.
Ex presidente del tribunal que juzgó el asesinato de María Soldad Morales en Catamarca, Olmedo de Arzuaga fue fiscal y luego juez federal de Santiago del Estero, antes y durante la dictadura. Liendo Roca fue fiscal y luego juez federal ad hoc. “Literalmente me abalancé (sobre Olmedo de Arzuaga) pidiéndole que me escuchara porque tenía que hacer una denuncia muy grave acerca de las torturas mías y de otras personas que estaban secuestradas en el SIDE durante largo tiempo”, declaró Mercedes Cristina Torres en referencia a la Dirección de Informaciones de Musa Azar. “Me contestó que le pidiera una audiencia por escrito (lo cual) me era imposible”, agregó. Luis Avila contó que durante su detención sufrió varios simulacros de fusilamiento y lo obligaron a firmar una declaración bajo tortura. Luego lo llevaron a declarar ante Liendo Roca.
“Los presos políticos les decían que habían sido torturados o habían sido sumergidos en agua por la policía, ellos les respondían que era mentira y les pedían que firmaran las declaraciones”, recordó en junio ante Página/12 el fiscal federal Fernando Gimena. “Ellos no ingresaron al sótano donde estaba el centro clandestino”, pero sí “iban a las oficinas de Musa Azar, que estaban en el piso de arriba, y de otros policías torturadores”, agregó.
La causa para investigar a los ex magistrados está abierta desde 2004, pero el Poder Judicial santiagueño los sobreseyó en sus distintas instancias. La última negativa a investigar a la propia corporación fue el 2 de junio: el Tribunal Oral Federal integrado por jueces subrogantes admitió las pruebas de no haber investigado las denuncias de los detenidos, pero consideró que los delitos de juez y fiscal no podían calificarse como de lesa humanidad porque habrían sido “aislados” y no sistemáticos.
Apelaron el fallo el fiscal general Gimena y los abogados Julia Aignasse por la Asociación por la Memoria, la Verdad y la Justicia, Familiares de Detenidos-Desaparecidos y ex presos políticos de Santiago del Estero y el Comité para la Defensa de la Salud de la Etica y los Derechos Humanos (Codesedh), y Bárbara Llinás Mathieu por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Ante Casación mantuvo el recurso el fiscal Raúl Pleé, que denunció la arbitrariedad del fallo y acusó a los ex jueces de encubrimiento, prevaricato e incumplimiento de los deberes de funcionario público.
Casación escuchó a las partes y decidió revertir la decisión del TOF santiagueño. El juez Hornos explicó en su voto que los requisitos de “generalidad” y “sistematicidad” que deben registrarse en el “ataque a una población civil” para que los delitos puedan considerarse “de lesa humanidad” no son características que deba reunir cada conducta individual de quienes participaron de ese ataque. “Sólo el ataque, y no los actos individuales del acusado, debe ser generalizado o sistemático”, citó al Tribunal Penal para la ex Yugoslavia en el “caso Kunarac”. Los delitos deben haberse cometido “en el curso de un ataque generalizado”, citó el Estatuto del Tribunal Penal para Ruanda, o “como parte” de ese ataque, según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.
La interpretación del tribunal santiagueño “lleva en última instancia a una reductio ad absurdum”, explica Hornos, ya que bastaría que un agente cuidadoso tomara el recaudo de someter a cada víctima a una vejación distinta para que el ataque no pueda considerarse “sistemático” y por ende los delitos no puedan calificarse como de lesa humanidad. Tras recordar los cargos que ocuparon los acusados, Hornos destacó que las disposiciones de la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad se aplican no sólo a los autores directos de delitos de lesa humanidad sino “a los representantes de la autoridad del Estado que toleren su perpetración”. Destacó “similitudes ostensibles” entre el rol de los jueces en la dictadura argentina y “la judicatura de la Alemania nazi”, y apuntó “Caso de los Jueces” que fueron juzgados por crímenes de guerra y contra la humanidad como “parte integral de la política del Reich”.
A partir de los testimonios de la causa, el juez concluyó que “las denegaciones al acceso a la Justicia denunciadas fueron, justamente, piedra basal de la impunidad con la que se movieron los perpetradores de las violaciones a los derechos humanos”. La omisión de actuar de juez y fiscal “resulta paradigmático de lo que constituye aquiescencia de las autoridades en la comisión de crímenes contra la humanidad”, agregó, y destacó “el trato directo y sostenido que, en ejercicio de sus funciones, presuntamente mantenían Liendo Roca y Olmedo de Arzuaga con Musa Azar, Miguel Tomás Garbi y Ramiro del Valle López Veloso, condenados por sus crímenes dos años atrás.
Gemignani y Borinsky adhirieron al voto de Hornos. El primero resaltó que los ex magistrados “ostentaban importantísimos cargos dentro de la estructura judicial que sirvió de engranaje fundamental en la organización que llevó adelante el plan sistemático” de represión ilegal, y que “con sus omisiones permitieron la impunidad de los hechos que las víctimas denunciaban”. Los aportes de ambos fueron “condición indispensable para la perpetración” de secuestros y torturas, concluyó Gemignani.

sábado, 21 de julio de 2012

Venezuela extradita al represor Carril Baggio


Por Diego Martínez
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En La Polaca fueron secuestrados y torturados los militantes que cruzaban la frontera por Uruguayana.
El Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Venezuela resolvió el jueves extraditar al militar argentino Fernando Jorge Carril Baggio, ex jefe del Destacamento de Inteligencia 123 de Paso de los Libres. Los jueces del alto tribunal rechazaron el manotazo de ahogado del represor, que vivía en Venezuela desde 1986 y tramitó su naturalización en 2011, luego de que se ordenara su captura, por considerar que “actuó premeditadamente con el fin de evadir la Justicia”. La decisión de la sala de Casación Penal del TSJ condiciona la extradición al compromiso del Estado argentino de no condenarlo a una pena mayor a 30 años de prisión, el máximo previsto en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Carril Ba ggio deberá ser juzgado por delitos de lesa humanidad con epicentro en el centro clandestino La Polaca, donde eran interrogados bajo tortura los militantes secuestrados al ingresar o salir del país por el cruce fronterizo con Uruguayana. Excepto el policía Julio Simón, condenado en 2007, los represores que actuaron en Paso de los Libres siguen impunes.
El capitán Carril reemplazó en septiembre de 1976 como jefe del destacamento a Raúl Portillo. Según la orden de detención que libró en octubre de 2010 la jueza federal Gladis Borda, está acusado por asociación ilícita, secuestros agravados, vejaciones, tormentos y coacciones agravadas. Según el informe Waern, un detallado relato de la represión ilegal en Paso de los Libres elaborado por el ex guardia Carlos Waern, Carril podría ser imputado por el asesinato de un secuestrado en La Polaca. “En una oportunidad, un detenido logró escapar corriendo hacia el eucaliptal. Alertado por los gritos, el guardia corrió tras él y efectuándole varios disparos, éste lo mató”, relató Waern. “Del mismo hecho hay otra versión, que dice que el prisionero tomó un arma y disparó primero al capitán y luego éste lo mató. Siendo esta última la versión que se aproxima más a la verdad, ya que Carril durante meses anduvo rengo, con una pierna vendada, justificando que había sufrido un golpe muy fuerte”, dijo, y agregó que “el cuerpo estaría enterrado en algún lugar cercano”.
Carril fue detenido por Interpol Venezuela el 14 de abril. Su defensora Solimar Astudillo alegó que como ciudadano naturalizado no podía ser extraditado por “delitos políticos”. Es “público y notorio” que militares que actuaron en la “guerra civil revolucionaria” son “perseguidos y condenados”, escribió. La defensa de la extradición estuvo a cargo de la fiscal general Luisa Ortega Díaz, quien explicó que no se lo acusa por delitos políticos. El TSJ, a partir del voto de su presidenta Ninoska Queipo Briceño, concluyó que Carril “actuó premeditadamente con el fin de evadir la Justicia y obstaculizar un eventual proceso de extradición”, subrayó que no se trata de delitos políticos sino de delitos de lesa humanidad, por ende imprescriptibles, y que “la lucha contra la impunidad implica la consolidación de la cooperación penal internacional”.
En Corrientes hay once represores condenados. Los militares y civiles de inteligencia de Paso de los Libres, sin embargo, no fueron juzgados. La excepción es un policía: Julio Simón, el famoso Turco Julián, por delitos de 1979 que juzgó hace un lustro el juez federal porteño Ariel Lijo. Según los registros de la Unidad Especial de la Procuración General de la Nación, las elevaciones a juicio por delitos de lesa humanidad en Paso de los Libres incluyen al ex jefe del Segundo Cuerpo, general Ramón Díaz Bessone, al ex jefe del Destacamento 123, Raúl Angel Portillo, al entonces teniente primero Héctor Mario Filippo y a los civiles Rubén Darío Ledesma y Carlos Faraldo, todos del Destacamento. Desde fines de 2010 también esperan su turno en el Tribunal Oral de Corrientes el general Llamil Restón, el capitán Juan Carlos Sacco y el teniente Duilio Ramón Martínez. En febrero último, en tanto, el fiscal federal Benito Pont pidió que se eleve a juicio a los militares Héctor María Torres Queirel, Guillermo Ramón Añaños, Alfredo Arrillaga (condenado en Mar del Plata), Julio Santiago Canteros, Juan Carlos Medrano Caro y Julio Miguel Plazaola, y a los ex gendarmes Domingo José Isler y Angel Ricardo López Ferro.

sábado, 14 de julio de 2012

Careo de genocidas. Videla, Riveros, Martínez y los restos de Santucho


Interrogados sobre Santucho, Riveros y Videla coincidieron en que la muerte del líder del ERP les produjo “alegría”.

Por Diego Martínez
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El ex jefe del Comando de Institutos Militares Santiago Omar Riveros, responsable de Campo de Mayo.
El dictador Jorge Rafael Videla, su ex jefe de inteligencia Carlos Alberto Martínez y el ex jefe del Comando de Institutos Militares Santiago Omar Riveros protagonizaron ayer un careo sobre el destino de los restos del ex jefe del ERP, Roberto Mario Santucho, abatido por un pelotón del Ejército en julio de 1976. Videla reiteró que dio la orden “de que el cuerpo no aparezca”, pero relativizó su afirmación de abril, cuando apuntó a Riveros como el encargado de cumplirla. “Era una suposición”, explicó. El ex jefe de la Zona IV y de Campo de Mayo, sede del mayor campo de concentración del país, dijo impávido que no hubiera acatado “una orden de esa naturaleza, que lastima mi conciencia”. Ambos admitieron ante Ana Santucho, una de las hijas del guerrillero, su alegría por la muerte “del hombre más importante de la subversión”. El abogado Pablo Llonto, impulsor de la causa fundada en el derecho a la verdad, destacó el esfuerzo de la jueza civil Martina Forns, que luego de ordenar el careo y formular preguntas durante dos horas exhortó a los ancianos a enviar un mensaje a sus ex subordinados para que rompan el pacto de silencio.
Los militares retirados, citados como testigos, bajo juramento de decir la verdad, llegaron al Juzgado de San Martín al mediodía en móviles del Servicio Penitenciario Federal: Videla desde la cárcel de Marcos Paz, Riveros desde su casa de Belgrano y Martínez desde la suya en San Miguel, ambos con arresto domiciliario. El ex titular de la Jefatura II de Inteligencia es el único sin condena: fue detenido por primera vez hace apenas dos semanas. Riveros bajó del celular sin esposas, según los penitenciarios porque estaba mareado.
El careo inicial fue entre Videla y Riveros. El dictador ratificó la orden de desaparecer el cuerpo por “lo que implicaba su figura”, aunque aclaró que “fue una resolución de la Junta (que compartía con Emilio Massera y Orlando Agosti), dada la trascendencia del problema”. Riveros, que en mayo consideró “de una mendacidad absoluta” los dichos del dictador, agregó ayer que “no hubiera aceptado hacer desaparecer el cuerpo de Santucho”.
–¿A quién le dio la orden? –indagó la jueza.
–Supongo que el destinatario fue quien tenía responsabilidad en esa zona, que era Riveros, pero no sé si él la recibió. La lógica orgánica indica que debió recibirla, pero no fue una orden dada personalmente y tampoco por escrito –respondió Videla. Sobre los intermediarios, arriesgó que pudo haber sido el secretario de presidencia, léase el general Rogelio Villarreal.
Riveros, sordo del oído derecho, admitió que “tenía capacidad para darle muerte a Santucho y hacer desaparecer su cuerpo”, pero aseguró que no participó porque nadie pidió la intervención del Comando de Institutos Militares. “La muerte de Santucho era para el Ejército un galardón. El personal militar se motivaba para detenerlo o matarlo porque era un adversario importante”, afirmó ante la hija y ante Julio Santucho, hermano del jefe del ERP. “Lo hubiera cumplido con todo gusto”, abundó, y agregó por si fuera necesario que “tenía capacidades para cavar un pozo y enterrarlo o tirarlo”.
–¿Le informaron si se cumplió la orden? –volvió la jueza hacia Videla.
–No tuve respuesta en forma personal. Era un secreto y no saberlo era la mejor forma de guardarlo.
Martínez, parco, dijo no recordar cómo se enteró de la muerte de Santucho. “Supongo”, dijo, que por intermedio de Videla, con quien se reunía “dos o tres veces por semana”. Cuando la jueza le recordó que en el enfrentamiento murió el capitán Juan Carlos Leonetti, miembro del Batallón de Inteligencia 601 que dependía de su jefatura, insistió en que “desconoce” los hechos aunque “imagina” que Leonetti “acompañó a la patrulla para guiarlos con precisión” al departamento donde se reunía la cúpula del ERP.
Riveros, verborrágico, dijo que “muchas veces me preguntaron por el cadáver de Santucho, incluso (Martín) Balza me lo preguntó, pero Santucho no era San Martín como para que lo entierren en Campo de Mayo”. “Puede que algún trasnochado o tarado mental se le haya ocurrido, pero no me consta”, afirmó. “Santucho fue la búsqueda del tesoro para el Ejército por ser el hombre más importante de la subversión”, aseguró.
–¿Sabían de la orden de desaparecer el cuerpo? –preguntó la jueza a Riveros y a Martínez.
Ambos aseguraron que no. “Me sorprendió la decisión. ¿Cómo puede ser que a un cadáver que apareció ‘por derecha’ en un enfrentamiento lo hicieron desaparecer ‘por izquierda’?”, se preguntó Riveros, ex jefe de una zona militar donde todo fueron secuestros y desapariciones “por izquierda”.
–¿Qué piensa de esa pregunta? –le planteó la jueza a Videla.
–El destino del cuerpo fue analizado por la Junta, fue una decisión compartida, una especie de pacto de silencio. Ojalá hoy se pudiera revelar ese secreto. Las condiciones actuales son distintas y el problema de la veneración del cuerpo de Santucho hoy no tiene sentido –supone Videla.
El dictador coincidió con Riveros en que “más allá del respeto a los familiares, la muerte de Santucho” les causó “íntimamente alegría, porque se había abatido al enemigo” y “en combate abierto”. “Si viera a alguien que le deja una flor a Santucho lo aplaudiría por el respeto que se merece”, agregó Videla, responsable de que miles de argentinos no tengan siquiera una tumba donde dejar flores para sus seres queridos.