lunes, 24 de junio de 2013

“El grado de humillación que sufrieron es inenarrable”


Durante seis años, Ana Mariani y Alejo Gómez Jacobo investigaron y realizaron entrevistas a sobrevivientes para reconstruir cómo funcionaba el centro clandestino asentado en Córdoba y los horrores que sufrieron las víctimas.

Por Diego Martínez
La Perla fue el mayor centro clandestino del interior del país. La Perla. Historia y testimonios de un campo de concentración es tal vez uno de los intentos más fructíferos por narrar lo inenarrable. Los periodistas Ana Mariani y Alejo Gómez Jacobo hurgaron durante seis años en testimonios de sobrevivientes, hicieron entrevistas, procesaron archivos y contaron en 478 páginas, con un nivel de detalle poco común, la experiencia que sobrevivientes y especialistas coinciden en calificar de intransferible.
–Pertenecen a generaciones distintas: la de los desaparecidos y la de los hijos. ¿Cómo fue la decisión y la experiencia de armar el libro juntos?
Ana Mariani: –La idea de escribir sobre ese siniestro lugar y las consecuencias que todavía hoy se padecen surgió a instancias del periodista Sergio Carreras, quien señaló la carencia de investigaciones periodísticas sobre la historia reciente de Córdoba realizadas en Córdoba. Pero con Carreras coincidimos en que necesitaba a alguien que me acompañara en el arduo trabajo que significaba esta investigación. Así fue como afortunadamente se cruzó en mi camino Alejo, que tenía 25 años y unos deseos enormes de trabajar a la par mía. Cada día que pasaba me iba dando cuenta de que el pertenecer a dos generaciones era provechoso. Alejo no había nacido cuando el golpe de Estado de 1976 y podía tener esa mirada desprovista de prejuicios, imprescindible para la finalidad de la investigación.
Alejo Gómez Jacobo: –La decisión y la experiencia fueron de la mano: en lo personal sabía que no sólo era una posibilidad única de trabajar con alguien de la trayectoria de Ana, lo que significaría una madurez profesional, sino el desafío generacional de hacer frente a una temática que poco se toca y mucho se oculta entre los jóvenes, casi siempre por desconocimiento y otro tanto por temor. Fue un camino largo y con muchas dificultades, pero seguimos adelante en equipo: cuando uno dudaba, el otro empujaba. Cada uno aportó desde su lugar y el complemento fue más fructífero de lo que esperábamos. El resultado es un libro que arroja una mirada distinta, porque no sólo es un material documental, sino que conlleva un intento de sanación del vacío que quedó entre aquella generación tan golpeada y la que creció con la certeza de la democracia.
–El libro arranca contando la construcción del edificio como compensación al Ejército por una cesión de terrenos. ¿Fue pensado como campo de concentración?
A.G.J.: –Poco se sabe sobre las intenciones iniciales del Ejército. Sin embargo, se pueden ir reconstruyendo fragmentos con voces y fechas que permiten inferir que La Perla fue construida, entre otras cosas, con el propósito del exterminio. Para 1975, Menéndez asumía en el Tercer Cuerpo y los mandos castrenses ya habían decidido que Isabel tenía las horas contadas. El predio donde se ubica La Perla es, lamentablemente, el lugar justo para la “solución final” implementada: a 12 kilómetros de la ciudad de Córdoba, alejado de toda civilización y en pleno terreno del Ejército. Es decir que nadie podía ayudar a los secuestrados, a merced de la voluntad absoluta y mesiánica de sus captores.
–Cuentan que en 1977 hubo madres que llegaron al alambrado de La Perla a preguntar por sus hijos, que en 1976 hubo testigos de fusilamientos, y arriesgan que Córdoba fue de los lugares donde se supo sobre el terrorismo de Estado desde el primer momento. ¿A qué lo adjudican? ¿Y cuál fue el nivel de conocimiento del grueso de la sociedad cordobesa en esos años?
A.G.J.: –Córdoba es históricamente una de las provincias más politizadas del país, y no fue casual que las Fuerzas Armadas hayan concentrado el núcleo de la represión en el eje Córdoba-Santa Fe-Buenos Aires. La fortaleza de fábricas y gremios hicieron de Córdoba un foco para las reivindicaciones sociales y, por ende, un objetivo negro para el Ejército. Es decir que en Córdoba siempre hubo conciencia plena del momento histórico y político que se vivía. De todas maneras, el conocimiento sobre lo que ocurrió después, ya con la Junta en el poder, es materia de discusión: hay quienes dicen que se sabía, pero no se podía hacer nada frente a semejante aparato; otros que nada se sabía; y muchos apuntan que era imposible no saber, pero que la sociedad prefirió mirar hacia otro lado y luego fingir un supuesto desconocimiento para lavar sus culpas. Como sea, y más allá de la valentía de las Madres o de algunos testigos ocasionales de fusilamientos, la sociedad cordobesa, igual que el resto del país, estaba paralizada por la maquinaria de terror que el Ejército ejecutó a la perfección.
A.M.: –Si bien en un primer momento se podía ignorar la existencia de La Perla como campo de concentración, algunos sobrevivientes relatan que cuando pasaban por el lugar, comentaban: “Si nos traen acá, no salimos con vida”. Además, los operativos para los secuestros eran tan ostentosos que la gente no podía ignorar lo que estaba sucediendo. Pero el miedo, como dice Alejo, fue una de las armas de quienes tomaron el poder, y los militares sabían muy bien que la sociedad estaba indefensa ante esa maquinaria de terror. Lo que sí es alarmante es que en la actualidad todavía pueda haber personas que nieguen esa negra historia reciente.
–Las mujeres sufrieron una violencia doble: tortura y violencia sexual, explican, y cuentan la exposición de mujeres desnudas y vendadas ante la tropa. ¿Cuánto se logró avanzar en Córdoba respecto de la violencia de género como delito específico? ¿Qué receptividad tuvo el Poder Judicial?
A.M.: –El grado de humillación que sufrieron todos los secuestrados y desaparecidos, sin excepción, es inenarrable. Pero en el caso de las mujeres, los abusos y la violencia sexual fueron una constante. Que se las expusiera desnudas ante la mirada de cantidad de gente es terrible, humillante y violento. Los testimonios en este aspecto son muy fuertes, como estar atadas de pies y manos al elástico de la cama en la sala de torturas, desnudas y rodeadas de los represores que se reían y burlaban mientras las sometían a los tormentos más grandes. Una de las sobrevivientes nos relató que la humillación es tan terrible como la tortura. Este tipo de prácticas aberrantes buscaba la destrucción psíquica y la afectación de la dignidad de las personas. Hace bastante tiempo que se viene trabajando en ese sentido y se está instruyendo una causa sobre estos delitos que se podría elevar a juicio.
Ana Mariani y Alejo Gómez Jacobo. Foto Bibiana Fulchieri.
–Una sobreviviente cuenta que la primera trompada en cautiverio en el D2 se la dio la Cuca Antón, una mujer policía que todos temían, y que “por suerte” no estaba la Tía Pereyra, que interrogaba e “instruía a todos”. ¿Son casos aislados o hubo otras mujeres que participaron de la represión ilegal? Y a Ana, como mujer, ¿qué lectura hace del rol de esas mujeres?
A.M.: –Antes que nada quiero aclarar que Mirta Graciela Antón, alias “la Cuca”, está cumpliendo una condena de siete años en la cárcel de Bouwer, desde julio de 2009, por la causa UP1, y ahora está nuevamente imputada en la megacausa La Perla. Esta mujer fue central dentro de la estructura represiva del Departamento de Informaciones de la Policía de Córdoba, al igual que la conocida como la Tía Pereyra, muerta ya, que de acuerdo con testimonios era terrible a la hora de torturar. De allí que esa sobreviviente nos relató que “por suerte” estaba de vacaciones la Tía, porque la tortura hubiera sido más feroz aún. Personalmente creo que el mal, el sadismo (como pellizcar los pezones, en lo que se dice era una “especialidad” de Graciela Antón), corresponde a cuestiones del género humano. Pero considero que es una discusión que supera esta entrevista.
–Una historia atípica es la del hijo del comandante de Gendarmería al que obligaban a integrar el grupo de tareas a sus 16 años, y que ya adulto termina aportando información a la Justicia y a ustedes. ¿Cómo fue el quiebre de ese hombre, que admite haberse criado en una familia nazi?
A.M.: –Además de ser atípica, es la primera vez que el hijo de un represor de Córdoba da testimonio para un libro. Su padre es uno de los imputados en la megacausa y, de acuerdo con lo que nos relató, lo obligó desde que tenía 15 años a destruir documentos, libretas de estudiantes y libros que levantaban en las casas, y a participar de los secuestros. A los 17 años comenzó a sufrir un estado de paroxismo por todo lo que había visto, hecho y vivido. Se despertaba con convulsiones y ataques de pánico, y todavía hoy no logra dormir una noche entera. Guardó un secreto durante 36 años y no deja de sorprender que se haya animado a contarlo. Cuando le preguntamos el porqué de su necesidad de contarlo ahora, su respuesta fue que comenzó a repudiar dentro de él lo que había hecho, es decir lo que le había obligado a hacer su padre. No podía más con sus recuerdos y al saber que estábamos investigando para un libro sobre un campo de concentración, después de ir a la Justicia, recurrió a nosotros. Pensamos, entre otras cosas, que el sentimiento de culpa fue el disparador de su decisión.
–Los guardias de La Perla, igual que en Campo de Mayo, eran gendarmes, que entre otras tareas buscaban a los secuestrados para llevarlos “al pozo” o a la muerte. Un sobreviviente cuenta que eran norteños, humildes y que algunos sufrían. ¿Están identificados? ¿Alguno colaboró con la Justicia?
A.G.J.: –La mayoría no están identificados y muchos se alejaron por completo para evitar correr el riesgo de quedar involucrados en la matanza. Hubo sin embargo unas pocas voces de gendarmes que se atrevieron a denunciar y cuyos testimonios fueron lapidarios, sobre todo en el primer juicio, en 2008. Tal vez el más importante fue el de un gendarme de apellido Beltrán, que relató una ocasión en que Luis Manzanelli, uno de los represores más temibles, fusiló a una pareja indefensa en un predio del Tercer Cuerpo. Beltrán fue amenazado y expulsado de Gendarmería por negarse a participar en el fusilamiento, y más de tres décadas después contó esta situación en el juicio, ante la mirada fija de Manzanelli en el banquillo de los acusados. El gendarme demostró una dignidad íntegra que le costó su trabajo y su carrera.
–Uno de los torturadores más brutales, el sargento Tejada, alias “Texas”, sacaba cartas de secuestrados a familiares y a la vez les llevaba fotos de los hijos. ¿Tiene explicación ese comportamiento?
A.G.J.: –La explicación podría encontrarse en dos aspectos que caracterizaron a la mayoría de los represores de La Perla: su mesianismo y sus contradicciones internas, que se fueron agudizando a medida que entraron en contacto con los secuestrados a los que debían fusilar. En el caso de Texas, influyeron muchas cosas: su manejo de un poder absoluto que le permitía llevar a cabo acciones inexplicables, como llevar cartas a los hijos de una pareja que acababa de torturar; su resentimiento hacia sus jefes, dado que tenía un origen humilde y según ex prisioneros se sentía excluido de los mandos superiores; y sus contradicciones, que lo llevaron a confesarle a una sobreviviente que a veces dudaba de si estaba bien lo que hacía en La Perla, es decir torturar. Pero no hay que dejar de tener en cuenta que había sido formado en la Escuela de las Américas en Panamá y fue uno de los torturadores más temibles.
–Varios sobrevivientes cuentan que los represores hablaban de “pozos” y “traslados”, y que llegaron a leer “disposición final” en algunas fichas. También que el camión “iba y volvía en poco tiempo”, por lo que suponen fusilamientos y entierros cerca de La Perla. ¿Cómo fue hasta ahora la búsqueda de desaparecidos en Córdoba? ¿Hubo entierros cerca de ese campo?
A.M.: –El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) está trabajando en la ciudad de Córdoba desde febrero de 2003, cuando la Justicia federal ordenó la excavación y exhumación en el cementerio San Vicente de restos de desaparecidos. Además están realizando tareas en los predios de La Perla, ya que muchos sobrevivientes coinciden en los tiempos cortos en que los camiones iban y volvían para los “traslados”. Existe el testimonio de José Julián Solanille, un trabajador de los campos aledaños a La Perla, que expresó, tanto en el Juicio a las Juntas como en la actual megacausa, haber visto enterramientos clandestinos en la zona; cuerpos arrojados desde un helicóptero, fusilamientos, enterramientos, cuerpos hacinados en el fondo de un pozo de agua. En uno de los testimonios del libro, una persona que quería conocer la suerte de unos amigos se reunió con un militar que le dijo: “Estuvieron en La Perla. Pero si usted me pregunta dónde están enterrados, no se lo puedo decir, porque hemos cambiado alambrados, sacamos árboles, alteramos todo para que ni siquiera nosotros sepamos en qué lugar están esas tumbas”. El EAAF, a pesar de la inmensidad de los predios de La Perla, sigue trabajando en la búsqueda, ya que el clamor de los familiares sigue siendo encontrar a sus seres queridos.
–El libro cuenta con un nivel de detalle poco común los comportamientos más brutales de militares que siguen vivos y seguramente tienen familiares y amigos. ¿Tienen indicios sobre las reacciones en el entorno cercano de los represores a medida que conocen sus comportamientos?
A.M.: –En el juicio que se está realizando comenzamos a observar que en las últimas audiencias empiezan a hacerse notar los familiares y amigos de los imputados. Detrás del vidrio que separa a los militares, policías y civiles acusados, están algunos de ellos con carteles con inscripciones y fotos de muertos por organizaciones armadas. Así como hay familiares con fotos de sus desaparecidos, ellos van con esas pancartas. En una de las audiencias, cuando una testigo relataba que un militar la había manoseado de manera insistente, la esposa de ese imputado se sonreía y negaba con la cabeza mientras la testigo hablaba. La misma actitud manifiesta cada vez que se relata que su marido era uno de los que torturaba.
–Muchos sobrevivientes califican de “experiencia intransferible” la del campo de concentración. Ustedes trabajaron varios años para traducirla en palabras. ¿Sienten que lograron ese objetivo?
A.G.J.: –Trabajamos sin parar durante seis años porque nos parecía imprescindible, además de una deuda histórica como país, que se conociera la magnitud aniquiladora del mayor campo de concentración del interior de la Argentina y sus consecuencias sociales, culturales y generacionales, que todavía seguimos padeciendo. Ese era nuestro objetivo: un aporte periodístico y documental para quienes lo sufrieron, para quienes no vivieron esa etapa y para aquellos que niegan que eso haya ocurrido. Además, en mi caso, implicaba volver a tender puentes entre mi generación y la que quedó sepultada o herida en los ‘70. De todas maneras, nuestro objetivo no fue transferir la experiencia del horror de cada sobreviviente porque, como ellos dicen, es imposible. Nosotros les pedimos prestada su palabra para comunicarla, pero la experiencia de sobrevivir a La Perla es única, personal y queda encerrada en el cuerpo de quien la sufrió.
A.M.: –Sin ninguna duda, la de los campos de concentración, como cualquier situación límite, es una experiencia intransferible. Nosotros sólo fuimos intermediarios. El libro está basado en su totalidad en testimonios porque creemos que sólo quien vivió el infierno puede dar cuenta de él. Y entendiéndolo así, desde que comenzamos a recorrer este doloroso camino, supimos que teníamos que estar por fuera del relato.

El rol de la Iglesia
La Iglesia Católica aparece en distintos planos: la intimidad entre Menéndez y el cardenal Primatesta, la monja testigo del secuestro que debe irse del país para hacer una denuncia, la orden de monseñor Tortolo para que seminaristas encarcelados no puedan leer la Biblia, el “profundo cristianismo” del represor apodado “Monseñor” o “Juan XXIII”. ¿Cómo definirían el papel de la Iglesia ante el terrorismo de Estado en Córdoba?
A.M.: –Durante el terrorismo de Estado en Córdoba, la Iglesia le cerró las puertas a la mayoría de los familiares que recurría a pedir por sus seres queridos. Además, como relatamos en el capítulo “El Tercer Cuerpo y la Iglesia”, también se las cerraron al sacerdote y a los cuatro seminaristas que cometieron el “pecado” de realizar trabajos sociales en villas y con grupos de jóvenes, razón por la cual los sometieron al macabro recorrido por distintos campos de concentración de Córdoba. Y si hoy están con vida, es por la rápida actuación de esa monja compañera de ellos que no fue secuestrada, porque ese día no estaba en la casa, y se movilizó rápidamente. Cuando se pudo escapar y llegar a Estados Unidos (ella era norteamericana), luchó hasta presentar un informe sobre la situación en la Argentina en el Senado, que resultó en una gran presión internacional sobre el régimen dictatorial. Habría que agregar que además de la estrecha relación entre el entonces arzobispo de Córdoba, Raúl Primatesta, y Luciano Benjamín Menéndez, también existían estrechos lazos entre éstos y algunos políticos, empresarios y funcionarios de la Justicia. Está comprobado que hubo múltiples complicidades. Además, lo que narran los sobrevivientes en el libro se va corroborando con los testimonios que escuchamos diariamente en el juicio más grande que se ha llevado a cabo en Córdoba, con 43 imputados y 16 causas, con algunas acumuladas, por hechos cometidos de 1975 a 1978, que se ha dado en llamar “megacausa La Perla”.
–Una sobreviviente cuenta que en el D2 escuchaba las misas de Primatesta en la Catedral y que los represores iban a misa y volvían a torturarlos. ¿Cuál fue el rol de los capellanes en Córdoba? ¿Dónde recibían “auxilio espiritual” los torturadores de La Perla?
A.G.J.: –Algunos capellanes –porque no se puede decir que fueron todos– colaboraron por convencimiento o conveniencia con el proyecto aniquilador de la Junta Militar, y Córdoba no fue la excepción. Es decir que fueron partícipes en tanto bendecían la conciencia de los torturadores y negaban información, pese a las súplicas de los padres de desaparecidos. Córdoba es una provincia donde la Iglesia pisa fuerte y ello quedó demostrado en los vínculos de poder entre la cúpula eclesiástica y el mismo Menéndez. Como un pilar más de la represión, el rol de muchos capellanes fue el de dar el visto bueno a la matanza en nombre de Dios y en aras de salvar al país de una supuesta amenaza comunista. Uno de los represores de La Perla les contó a sobrevivientes que tenía un cura amigo que bendecía sus acciones y con el que se confesaba para “depurar” cualquier culpa por lo que estaba haciendo.

domingo, 19 de mayo de 2013

Así pagan, Videla

Por Diego Martínez
 
/fotos/20130519/notas/na06fo01.jpgEn mayo de 1987, cuando el Congreso se aprestaba a tratar la obediencia debida, 5400 personas dieron el visto bueno para respaldar con su firma una solicitada de “reconocimiento y solidaridad” con Jorge Rafael Videla por defender “a la Nación de la agresión subversiva”. Hace dos meses la alta sociedad despidió a José Alfredo Martínez de Hoz con 91 avisos fúnebres en el diario La Nación. Ayer, tras la muerte de Videla, condenado y preso en cárcel común, apenas 18 avisos en el diario de los Mitre reflejaron el triste y solitario final de quien fuera considerado durante no menos de veinte años ejemplo de militar y hasta estadista.

La mayor parte de los avisos los firman allegados a la familia. Sólo dos admiradores se pronuncian sobre la “injusticia” de las condenas que alcanzó a escuchar. Delia Goti de Azumendi apuntó que el dictador estaba “injustamente privado de su libertad”. Vecina de Recoleta, la señora tiene especial consideración con responsables políticos de masacres. En 2007, siempre en La Nación, expresó su “consternación” por el procesamiento de Fernando de la Rúa por los muertos que dejó al huir de la Casa Rosada.

El segundo aviso reivindica abiertamente a Videla. “Comandó la guerra interna revolucionaria contra el terrorismo subversivo apátrida”, descargó bronca el teniente coronel y abogado Rubén Brandariz. “Murió en injusto cautiverio”, lamentó, y pidió “que su muerte sirva a la verdad, la justicia y la paz entre argentinos”. El cordobés Brandariz pasó a retiro en mayo de 1976 con 51 años y, salvo que haya sido recontratado como personal de Inteligencia, no participó de la “guerra” de su ídolo. Más discreto fue el aviso de Tito Román. “Gracias, mi Tte. Gral.”, invocó el grado que Videla había perdido después de su primera condena en 1985. “Desde Córdoba despido a quien asumió con coraje grandes responsabilidades y sirvió al país con graves riesgos”, lo elogió Enrique Finocchietti. Así se llama el presidente de la Cámara de Turismo de Córdoba y se llamaba el secretario de Obras Públicas de Martínez de Hoz.

La única promoción del Colegio Militar que despidió a Videla fue la 81ª. La mayor parte de sus miembros nacieron en 1930, alcanzaron su máxima jerarquía durante la dictadura y pasaron a retiro tras el retorno de la democracia. Héctor Ríos Ereñú y José Caridi fueron jefes del Ejército durante la presidencia de Alfonsín. Varios rinden cuentas por su rol en el terrorismo de Estado. Víctor Pino, juzgado en Córdoba junto a Videla, fue condenado a doce años de prisión. Pino fue jefe de un regimiento del que dependían las brigadas que participaron de traslados de presos políticos y fue condenado por tres homicidios. Federico Antonio Minicucci fue jefe del Regimiento de Infantería Mecanizada del que dependía el centro clandestino Pozo de Banfield y afronta su primer juicio por delitos de lesa humanidad en la causa Plan Cóndor. Manuel Fernando Saint Amant fue condenado en diciembre a prisión perpetua como jefe del área militar 132 por la masacre de calle Juan B. Justo y la desaparición de seis militantes en San Nicolás. “La Promoción 81 del Colegio Militar despide a su querido oficial instructor, 1948-1951, con cariño y respeto”, volvieron a unirse ayer.

lunes, 6 de mayo de 2013

Juicio a los fusiladores de Capilla del Rosario

En agosto de 1974, el Ejército fusiló a catorce combatientes de la Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez” del Ejército Revolucionario del Pueblo, que se habían entregado tras el frustrado intento de tomar el Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada de Catamarca. Los diarios de la época dieron cuenta de un “combate”; la entonces presidenta María Estela Martínez de Perón felicitó a los militares, y los abogados que denunciaron el fusilamiento fueron asesinados o apresados durante años. Hoy, a las 9, a 38 años de los crímenes, el Tribunal Oral Federal de Catamarca comenzará a juzgar por la Masacre de Capilla del Rosario, como pasó a la historia, a los militares retirados Carlos Carrizo Salvadores, Mario Nakagama y Jorge Exequiel Acosta, quien ya fue condenado por delitos de lesa humanidad en Córdoba.

El ERP planificó dos operaciones simultáneas para conseguir armas a mediados de 1974. Los objetivos: la Fábrica Militar de Villa María, en Córdoba, y el Regimiento 17. En la medianoche del sábado 10 de agosto, dos jóvenes en bicicleta se toparon en Banda de Varela, a pocos kilómetros de Catamarca, con un grupo de guerrilleros que se preparaba para la operación. Los ciclistas alertaron a la policía, que llegó al lugar en cuatro patrulleros. Se produjo entonces un enfrentamiento que terminó con dos militantes muertos y dos policías heridos. El ERP ordenó la retirada y sus militantes se dispersaron en tres grupos. Algunos consiguieron autos y lograron volver al campamento base en los montes tucumanos. Otros fueron detenidos en la ciudad y años después serían condenados sin conocer al juez. El tercer grupo, al mando de Antonio Fernández, del buró político del PRT-ERP, terminó aislado en las lomadas de Capilla del Señor, en Collagasta, departamento de Fray Mamerto Esquiú.

Cinco militantes que bajaron al pueblo a conseguir alimentos fueron capturados y torturados para arrancarles información sobre sus compañeros. Cuando las fuerzas de seguridad se acercaron al campamento se produjo un enfrentamiento en el que murió un policía. Los jefes del Regimiento 17 informaron al Tercer Cuerpo de Ejército, convocaron a todos sus oficiales, e iniciaron un rastrillaje junto con la policía con el fin de “aniquilar” a los militantes, según consta en el libro histórico del regimiento. Cuando el abogado tucumano Mario Marca le pidió al ministro de Gobierno Alberto del Valle Toro que intercediera para evitar más muertes, el funcionario se comunicó con el coronel Eduardo Cubas, jefe del Regimiento 17, quien le respondió que no había posibilidad de diálogo porque el Ejército “salía con instrucciones de aniquilar”. La orden la había dado el segundo comandante del Tercer Cuerpo, general Antonio Vaquero. Marca fue detenido un día después y estuvo nueve años preso.

Los guerrilleros resistieron, pero ante la superioridad numérica y de poder de fuego de militares y policías depusieron las armas y se entregaron. El mismo lunes 12 fueron fusilados. Los cuerpos fueron trasladados en helicópteros y camiones a la morgue del cementerio municipal, donde se los pudo ver con manchas de pólvora, infinidad de impactos y huesos rotos. Las autopsias de tres médicos forenses establecieron que “todos recibieron disparos certeros efectuados a corta distancia”. Algunos fueron baleados en los brazos, ante “un gesto defensivo reflejo”. El 20 de agosto, la flamante viuda de Perón, presidenta de la Nación, felicitó a los militares por “la encomiable actitud de arrojo y valor demostrado”, que “ha dejado sentado el prestigio de la fuerza”. Entre los abogados que por esos días denunciaron las torturas y ejecuciones estuvieron Ricardo Curuchet y Silvio Frondizi, asesinados por la Triple A al mes siguiente. El ERP, en tanto, decidió responder al “asesinato indiscriminado” con “una ejecución de oficiales indiscriminada”. “Es la única forma de obligar a una oficialidad cebada en el asesinato y la tortura a respetar las leyes de la guerra”, informó desde la revista Estrella Roja.

Los guerrilleros fusilados en Catamarca eran Mario Héctor Lescano, Juan de Olivera (Héctor Moreno), Rogelio Gutiérrez, José María Molina, Luis Santiago Billinger, Carlos María Anabia, Raúl Eduardo Sainz, Juan Carlos Lescano, Luis Roque López, Silverio Pedro Orbano, Roberto Domingo Jerez, Rutilo Dardo Betancour Roth, Alberto Rosales y Hugo Caccivillani Caligari. Cinco fueron enterrados como NN en el cementerio, el resto fue devuelto gradualmente a sus familiares.

La causa se inició en 2004 a pedido de organismos de derechos humanos de Catamarca y Córdoba, que reclamaron conocer la identidad de los NN. El juez federal subrogante Pedro Navarro se declaró competente, el Equipo Argentino de Antropología Forense realizó las exhumaciones e identificó al santiagueño Rosales y a los uruguayos Betancour Roth y Cacciavillani Caligari, ambos militantes tupamaros. Con la investigación a cargo del fiscal Santos Reynoso, comenzaron a declarar militares, policías y soldados. En mayo de 2009, el coronel retirado Nakagama se convirtió en el primer detenido por la masacre. Con el grado de capitán, en 1974 Nakagama era jefe de la sección morteros pesados del Regimiento 17. Siguió sus pasos Carrizo Salvadores, que entonces era asistente personal del jefe del regimiento y que en 2004 llegó a ser jefe de policía de Jujuy. Finalmente, fue procesado Acosta, que en 1974 tenía a su cargo una compañía del regimiento y ya fue condenado por su actuación en La Perla. En 2010, la Cámara Federal de Tucumán confirmó los procesamientos y dictaminó que el fusilamiento era un crimen de lesa humanidad y por ende imprescriptible.

El tribunal que a partir de hoy escuchará a 65 testigos lo integran Juan Carlos Reynaga, Gabriel Eduardo Casas (camarista en Tucumán) y Carlos Jiménez Montilla (juez del Tribunal Oral de Tucumán). Los acusados llegan a juicio en prisión: Carrizo y Nakagama en Catamarca, Acosta en el penal de Bower, en Córdoba. Están acusados de “homicidio doblemente calificado por alevosía y por ser cometido como integrante de una fuerza de seguridad”. Además del Ministerio Público Fiscal y los abogados que representan a familiares, actuarán como querellantes la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y la Fiscalía de Estado de Catamarca.

domingo, 28 de abril de 2013

Represión en el Hospital Borda



HUMBERTO HERRERA, DEL TALLER PROTEGIDO 19

“Los internados estaban consternados”

Por Diego Martínez

“Nunca imaginé que tendría que ver esa imagen. Es muy difícil de elaborar y de procesar.” La imagen: cientos de policías pertrechados para la guerra repartiendo palos, gases y balas de goma contra enfermeros, médicos, pacientes y periodistas. Quien no sale del asombro es Humberto Herrera, carpintero que desde 1989 enseña(ba) su oficio en el Taller Protegido 19 del Hospital Borda, demolido el viernes por el gobierno porteño para concretar el sueño de Mauricio Macri de construir allí un centro cívico.


Humberto llegó antes de las siete de la mañana y se encontró con un escenario impensado. “Estaba todo cercado por la infantería. Habían abierto el portón que da a la calle Perdriel, lo rompieron porque estaba soldado. Por compañeros supimos que habían entrado operarios, que estaban adentro y ya habían sacado algunas cosas al parque”, relató. “Había una enorme cantidad de policías, un cordón que va desde el paredón de Perdriel hasta la Unidad 20. Es que hace falta mucha gente, son dos hectáreas las que el gobierno quiere tomar”, explica.


“Empezamos a convocar y de a poco se fueron juntando trabajadores del Hospital y de organizaciones. Como sabíamos que el taller estaba protegido por medidas judiciales, pedíamos que se presentara un responsable del operativo y mostrara qué autorización tenía. Pero no nos permitían ingresar, tampoco a los periodistas. Se producen los primeros forcejeos y esta gente reacciona violentamente, empiezan los palos, empujones, con mucha agresividad, y se producen cuatro o cinco avanzadas de la infantería hacia los trabajadores tratando de hacernos retroceder”, relató. “Cuando llegan los primeros legisladores y muestran sus credenciales, primero no los dejan entrar, después consiguen una entrevista con alguien que admite que no tienen autorización y que tienen que retirarse. Les dan un plazo de diez minutos, y ahí empezamos a ver a través del cordón de infantería cómo se derrumbaba la construcción”, recordó Herrera.

–¿Los pacientes ven la demolición de su taller?
–Sí, hay pacientes que a esa hora están afuera de los pabellones. Algunos tienen actividades en instituciones como los talleres protegidos, pero otras implican trasladar elementos, actividades cotidianas del hospital. Además los pacientes andan con cierta libertad, no están encerrados. Los internos estaban consternados, no entendían bien qué estaba pasando. Hay distintos estados por los que atraviesan los pacientes. Esas patologías tienen mucho que ver con el registro de la realidad que se vive, pero en general todo el mundo estaba consternado.

Herrera trabajaba en la rehabilitación de internos: enseñaba en el edificio demolido a fabricar muebles para hospitales y reparticiones públicas de la ciudad. "Desde que se deshabilitó el Taller 19 estaba en otro edificio haciendo trabajos de mantenimiento y producción, sin pacientes todavía. Algunos que estaban en condiciones de salir fueron a otra sede, otros perdieron la continuidad del tratamiento. El nuevo taller está activándose lentamente y no reúne las condiciones que el gobierno dice, hay muchos problemas por el ruido y no hay espacio para que funcione un taller de carpintería y herrería. El típico taller 19 es dificultoso que pueda volver a funcionar", advierte.

--¿Imaginó algún vez a la policía reprimiendo en el Borda?

--No, nunca imaginé que tendría que ver esa imagen. Es muy difícil de elaborar y de procesar. Nosotros teníamos nuestra actividad en el taller pero además participábamos de actividades en todo el parque del hospital. Frente al 19 hay otro predio que el gobierno toma que es una cancha de fútbol donde se hicieron campeonatos y vinieron figuras célebres. Hay actividad artística con el Frente de Artistas, es inconcebible que pase todo esto es un lugar donde hay tanta vida. Si tenemos en cuenta toda la vida interna de un hospital psiquiátrico, no se está perdiendo sólo el dispositivo del taller protegido, hay muchas otras actividades altamente perjudicadas.

Herrera repasa de memoria algunas pérdidas provocadas por las palas mecánicas y se detiene en una obra artística. "En esa parte del predio quedó un elefante hecho con papel mayé. No sabemos qué van a hacer, es una obra de arte. Este operativo avasalló con todo, incluso en TV se puede ver que todas nuestras pertenencias y herramientas quedaron tiradas a la intemperie. Es que estaban de algún modo protegidas en el edificio. Sacamos cosas personales pero el resto no porque estaba bajo el amparo de una medida cautelar, nadie podía tocar nada. La diferencia es que el gobierno violó una decisión de la justicia mientras nosotros estábamos a la espera de una resolución armónica y civilizada".



PABLO VILLAN, FOTOGRAFO. UNO DE LOS PERIODISTAS AGREDIDOS
“Tiraban a mansalva”

La represión de la Policía Metropolitana no reparó en enfermeras, pacientes y tampoco en periodistas. Pablo Villán, fotógrafo del diario Crónica, fue uno de los 16 cronistas y reporteros gráficos que se contabilizaron entre las víctimas. Consultado por Página/12, contó que durante los siete años en Crónica le tocó cubrir varios episodios de violencia pero nunca había visto “a la policía tirar a mansalva a todo lo que se mueva”.

“Cuando llegamos con un cronista la policía no nos dejaba pasar. Unos enfermeros y médicos metieron presión hasta que entramos todos, serían las diez y media. El clima era muy tenso. Ya los compañeros de ATE y CTA junto con los trabajadores del lugar denunciaban enfrentamientos. Media hora después empezó el foco en el que tuve el accidente”, contó.

“Primero veo que la infantería se forma y agarran a una enfermera, una mujer con un bastón, y se la llevan para atrás entre cinco policías, incluidas varias mujeres. Veo a mi compañero filmando con el celular, me acerco para hacer la foto y me agarran desde atrás, me zamarrean, me tiran al piso. Primero un policía, después dos o tres más, todos con chombas de la Metropolitana. Ahí me doblo y me esguinzo el tobillo”, recuerda. “Mientras me zamarrean levanto los brazos para que me dejen y en ese momento alcanzo a ver a fotógrafos de La Razón y Télam, les pido que saquen fotos, y ahí me dejan y alcanzo a ver cómo se llevan a la enfermera. No le logro hacer la cara pero sí cómo la arrastran entre cuatro o cinco, uno de cada mano y de cada pie”, relata.

Villán recordó que “después hubo varios focos de violencia hasta al menos las dos de la tarde”. Cuando con otros fotógrafos intentaron ubicarse detrás de los policías, uno les dijo “no pueden”. “¿Cómo que no se puede? Nunca lo había escuchado en mi vida. Pero no respondió nada, sólo dijo ‘váyanse’. No le dimos bolilla y seguimos trabajando, tratando de cuidarnos porque la represión era a mansalva”, apuntó.

Entre las imágenes que quedaron grabadas en la mente del reportero recordó a “varias mujeres, enfermeras, doctoras o psicólogas, muy nerviosas, intentando trasladar a pacientes desencajados a lugares seguros”. “También hice la foto de un chico que, mientras se hacían asambleas, estaba tirado en el pasto, pensando, como en otro mundo.” “Escuché a la tarde a Macri diciendo que eran todos activistas pero la verdad es otra: yo vi gente que estaba trabajando y que llamaba desesperada a sus colegas de otros hospitales”, destacó. Villán, de 35 años, siete como trabajador del diario Crónica, apunta que le tocó cubrir episodios de violencia pero “ver a la policía tirar a mansalva a todo lo que se mueva, no”. “Estuve en el Parque Indoamericano, fue más jodido pero sin policía de por medio”.

domingo, 17 de marzo de 2013

"Ser humilde y austero no alcanza"



El sociólogo Fortunato Mallimaci afirma que los gestos de austeridad son “un buen signo”, pero no un programa de gobierno. Analiza los posibles cambios en la relación entre el Gobierno, el Vaticano y la Iglesia argentina. Los escándalos sexuales. La última dictadura.

Por Diego Martínez
El programa de Francisco será conservador porque quienes lo eligieron son conservadores o ultras. La estructura del Vaticano le da amplio poder político pero no garantiza el recocimiento religioso de los creyentes. La mayor preocupación de la iglesia católica es el descenso de religiosos y fieles. Los gestos de austeridad del papa no dicen nada sobre cuál será su política ante los grandes dilemas de la iglesia católica. La presencia simbólica de tener un papa argentino tiene un peso desconocido. ¿Qué tan autónomos serán los partidos políticos ante una presencia más fuerte de la iglesia católica? ¿Qué personalidad se impondrá cuando el papa visite el país? ¿El líder opositor Mario Bergoglio o el líder religioso Francisco? Reflexiones e interrogantes pertenecen al sociólogo Fortunato Mallimaci, investigador del Conicet y profesor del seminario Sociedad y religión en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Amigo personal de Orlando Yorio, Mallimaci no tiene dudas sobre la complicidad de Bergoglio en las detenciones de Yorio y Francisco Jalics.
‑‑Pasadas las dictaduras y los gobiernos neoliberales, ¿qué significa la elección de un papa argentino justo cuando América Latina protagoniza procesos de transformación con amplia legitimidad de sus gobiernos?
‑‑Significa que la iglesia católica ha decidido asignarle a América Latina prioridad pero sobre todo de presencia religiosa que permita dinamizar el catolicismo, dado que en el mundo católico latinoamericano es donde más ha disminuido la cantidad de fieles. Pensarlo sólo en clave política no alcanza. Innegablemente influye pero la principal preocupación de la iglesia católica es el descenso de sacerdotes, religiosos y creyentes en un mercado de bienes religiosos diversificado, en el cual los creyentes no encuentran qué posturas tener. A su vez en América Latina ese catolicismo se ha pensado muy cercano al Estado y a los grupos dominantes. Ese vínculo es más fuerte que en Europa o Estados Unidos y queda en evidencia ante las denuncias de abuso sexual, que en América Latina casi no tienen repercusión. Aquí tienen más impunidad, como se vio ante la condena del padre Grassi.
‑‑¿Minimiza la influencia que pueda tener el nuevo papa en los procesos políticos de Sudamérica?
‑‑Creo que los papas, por una larga tradición romana, actúan en consonancia con las iglesias locales y las nunciaturas. Cuando un papa visita México consulta a la iglesia mexicana. Si visita Cuba y le dicen "no escuche a los de Miami", el papa lo hace. Es una política que tiene su lógica y que empieza con Juan Pablo II, ya que antes apenas se movían de Italia. Juan Pablo II tuvo una política de movilizar a las bases para tratar de renovar y aggiornar ese catolicismo emotivo que había en nuestros países a partir del contacto directo. Pero todos los estudios mostraron que la mayoría de la gente que participaba de esas movilizaciones disfrutaba del papa pero no tenía idea de sus mensaje.
  Tras la observación, Mallimaci repasa la relación de los gobiernos del Cono Sur con la iglesia: "Si el papa fuera a Brasil apoyaría a la iglesia brasileña, que tanto con Lula como con Dilma tiene vínculos estables. También en México, donde el PRI ha dejado de lado su anticlericalismo de otra época y tiene una postura de acercamiento a Roma. En Cuba no tendría ningún problema, acaba de ir Benito XVI. Si va a Venezuela sería interesante, porque la Iglesia católica venezolana está muy ligada a las fuerzas políticas de oposición. Debería pensar bien si va sumarse a esa perspectiva o a buscar una presencia masiva aprovechando que hay una sensibilidad popular católica fuerte que se vio con la muerte de Chávez. En Ecuador no habría problema, Correa tiene vínculos históricos con sectores de la iglesia. En Perú habría que ver qué posición toma, es muy fuerte la presencia del cardenal Cipriani, del Opus Dei, y hay grandes conflictos internos. En Bolivia sería problemático porque la iglesia no tiene buena relación con el Estado. En Uruguay históricamente hay mayor autonomía. En Chile no tendría problema.
--¿Y en la Argentina?
--En Argentina mis dudas son mayores. No hay experiencia histórica de un papa latinoamericano, con todo lo rico que significa que se descentre la mirada del Vaticano. Habría que ver la experiencia histórica de Bergoglio, con contactos fluidos con líderes opositores y una mirada muy crítica hacia el gobierno. Ha aparecido más cómo referente político de oposición que como líder religioso. La venida como papa tal vez lo lleve más a ser referente religioso para evitar ser utilizado políticamente.
‑‑¿Cambiará de perfil?
‑‑Habrá que ver si viene Bergoglio o Francisco. Ahí lo pensará muchísimo porque tendrá todas las miradas encima, de Argentina y de América Latina. Esto vale también para la oposición, que lo va a querer como referente, y para el gobierno, que tendrá que ver qué hace ahora, cuando Bergoglio se transforma en un referente mundial. El gobierno deberá reflexionar más sobre su vínculo, con Roma y con la Iglesia local, que se va a transformar en una correa de transmisión muy fuerte del propio papa, quien ahora designará nuevos obispos y puestos claves del episcopado.
‑‑La sociedad y el Estado argentino avanzaron en la última década en la conquista de derechos, como el matrimonio igualitario, pese a la oposición de la iglesia católica con Bergoglio a la cabeza. ¿Qué nos espera ahora? ‑‑A ese nivel me parece que no va a haber grandes cambios. Tendrá que aceptar las leyes y propuestas que tienen amplio consenso en la democracia argentina. Hay aborto en Italia, Francia, Alemania, había en Polonia, y esto no supuso que ni que Juan Pablo II ni que Benito XVI intentaran cambiarlo. Intentan disminuirlo, tratan de que las leyes se cumplan lo menos posible, que los católicos no lo practiquen. Son iglesias acostumbradas a la separación del Estado. Habrá que ver si Francisco se nutre de la experiencia de autonomía de estas iglesias o quiere retomar una postura fuerte como en América Latina, de politizar lo religioso y catolizar lo político.
‑‑De volver a tener la influencia del siglo pasado...
‑‑Sí, lo que fue durante las dictaduras, que en muchos países incluían a vastos sectores políticos, religiosos, económicos y mediáticos. No es un tema de oficialismo u oposición, seamos claros: la política en América Latina no se piensa autónomamente de lo religioso, se piensa cómo cada uno hace suya una parte de lo religioso, en especial con la iglesia católica. La pregunta es cuál va a ser la autonomía de los partidos respecto a una presencia mucho más fuerte de la iglesia. Va a depender tanto de los actores políticos como del papado. Cada uno deberá pensar en una sociedad que se manifiesta en un 75 por ciento católica pero donde pesa fuertemente el cuentapropismo religioso que toma distancia de clérigos, preceptos y dogmas aunque sienta a ese catolicismo como identidad o cultura nacional. Descubrir los hilos de todo esto va a exigir a los partidos y al propio Estado mucha fineza en el análisis, porque la presencia simbólica de tener un papa argentino tiene un peso que no conocemos. Tanto para Francisco como para a la iglesia católica argentina como para la sociedad política, mediática y económica es todo un desafío.
‑Bergoglio decidió ser Francisco por un santo que se caracterizó por su espíritu de pobreza y desprendimiento. ¿Le alcanzará el nombre y los gestos de austeridad para revertir la imagen de la iglesia?
‑‑Los gestos y los símbolos son importantes en sociedades mediáticas pero no definen una política de gobierno, no alcanzan. Es valorable ser sencillo, humilde y austero. En un mundo globalizado donde los focos sobre la institución están puestos en los escándalos es un buen signo. Pero no alcanza, no es un programa de gobierno, no es un programa teológico pastoral. El programa será conservador, es innegable, porque la enorme mayoría o la totalidad de quienes lo eligieron son conservadores o ultraconservadores. Habrá que ver cómo se mueve ahí adentro.
‑‑El sociólogo Juan Cruz Esquivel pronosticaba que una de las prioridades de Bergoglio será ordenar la curia romana. ¿Qué significa?
‑‑Estoy de acuerdo. Se refiere a los escándalos del Vaticano de los últimos años. En realidad son de larga data, el cambio se da a partir de la sociedad mediática globalizada, que hace que estos hechos repercutan mundialmente. Los escándalos de la curia producen una pérdida de autoridad de obispos y cardenales. Los fieles los escuchan cada vez menos. Antes los escándalos no llegaban a inquietar la base social de la Iglesia, hoy inquietan al conjunto de la feligresía católica. Otro problema es la propia estructura del Estado vaticano. ¿Esa estructura creada hace 150 años favorece las expectativas de creyentes y especialistas? ¿O implica una lógica más política que religiosa con los 177 Estados que tienen relación con el Vaticano? Ahí hay una tensión que es histórica pero que en este momento se hace muchísimo más fuerte entre la iglesia local y el nuncio que decide en vinculación directa con el papa. En Argentina no va a suceder porque el papa va a decidir más que el nuncio pero en otras iglesias es todo un tema. En la medida que los Estados y las sociedades políticas busquen lo sagrado para compensar sus pérdidas, la estructura católica internacional es una de las más preparadas para dar respuestas, pero esa estructura necesita muchísima gente y dinero, necesita que la informen, necesita relaciones con políticos, por eso lo de Vatileaks. Eso da un amplio poder político, pero no da el reconocimiento religioso de los creyentes. Ya veremos qué se hace en este sentido, pero deben pensar qué curia se necesita para que los creyentes tengan más participación y no sólo sean tenidos en cuenta los Estados y la sociedad política. No es decisión sólo de Francisco, hay que ver cómo analizan y deciden los distintos grupos de poder que existen en la Iglesia.
‑‑Bergoglio no excomulgó al pedófilo condenado Julio Grassi. ¿Enfrentará el problema de los curas pedófilos?
‑‑Lo va a tener que enfrentar porque no es una decisión individual: iglesias poderosísimas de Estados Unidos y Europa decidieron enfrentarlo, por problemas éticos, de credibilidad y en el caso de Estados Unidos financieros, por el costo de los juicios. En Argentina la Conferencia Episcopal no se pronunció ante las condenas de Grassi ni del obispo Storni ni de Von Wernich, que siguen perteneciendo a la institución. En los últimos tiempos, en las iglesias del norte, han sido puestos a disposición de la justicia y suspendidos. Hay que reconocer que la postura de Benito XVI ha sido más inflexible. Esas denuncias son más factibles en sociedades acostumbradas a denunciar estos casos que en las nuestras, donde, por ser patriarcales, machistas, con poca valoración de las víctimas, no sólo no denuncia la Iglesia sino tampoco organizaciones políticas, económicas, culturales o mediáticas. Y cuando se denuncia, la mayoría de las veces son encarpetadas por instituciones estatales o por la justicia.
‑‑Bergoglio intentó sin éxito unificar a la oposición contra el gobierno argentino, que es parte del proceso de cambios que atraviesa la región. ¿La asunción como papa permite pensar que dejará en un segundo plano el frente interno o, al contrario, que la respaldará con más fuerza?
‑‑Pienso que los problemas que tiene con los escándalos, la curia, las transformaciones que debe hacer, lo van a ocupar de manera primordial. De cómo solucione esos problemas dependerá en gran medida cuanto tiempo dedique a temas de la Argentina. También va a depender de quién sea el próximo cardenal de Buenos Aires, que será su decisión y dará indicios sobre el rumbo. Pero supongo que le va a llevar un tiempo bastante importante en tratar de ordenar los escándalos de la propia curia.


Los creyentes y la dictadura
‑‑Hace más de 25 años Emilio Mignone citó a Bergoglio como ejemplo de los "pastores que entregaron a sus ovejas al enemigo sin defenderlas ni rescatarlas", y es público su rol en los casos de Yorio y Jalics...
‑‑Coincido ampliamente con Mignone sobre la complicidad del superior de los jesuitas con las detenciones de Jalics y Yorio. Eso formó parte del proceso de catolización y militarización que impulsaron las dictaduras cívico‑militares‑católicas en nuestro país. Eso me parece clarísimo. He hablado extensamente del tema con Mignone y con Yorio, que son víctimas y en quienes confío totalmente. Yorio estaba convencido de que el superior los desprotegió y no hizo nada para evitar que los detuvieran.
‑‑La pregunta, tal vez ingenua, es cómo se puede llegar a papa con esos antecedentes, y cómo podrán digerir la noticia los creyentes comprometidos con el proceso de verdad y justicia.
‑‑La primera pregunta también me la hago. Quizá quienes lo eligieron no han conocido o valorado suficientemente la historia. Además es un conclave muy conservador. Hay que reconocer que desde el punto de vista penal no hay condena, pero es una discusión que tengo: más allá de las responsabilidades penales, que tienen reglas propias, hay otro tipo de responsabilidades en juego. Sobre los creyentes, entiendo que la colaboración con la dictadura es un tema que afecta y muy fuerte al catolicismo en la Argentina, con muchos creyentes desinstitucionalizados. El grupo de Cristianos para el Tercer Milenio lo ha demostrado: cuestionan que no se resuelva el tema de la participación y la complicidad, la falta de arrepentimiento, la no entrega de archivos, la falta de colaboración para encontrar a niños robados. Pero también es verdad que hay un "carisma de función", como decimos los sociólogos: cualquiera fuera el Papa, una gran mayoría de los católicos "de a pie" le reconoce legitimidad y autoridad, al menos en una primera etapa. El nombramiento de un nuevo Papa siempre emociona y genera esperanzas, más aún si se trata del primer papa latinoamericano y argentino. El día a día dirá si esas esperanzas se concretan y si ese carisma de función se convierte en un liderazgo transformador.



RECUADRO (QUE NO ENTRÒ)
“Un papa de transición”

"La elección de otro papa de 77 años muestra que el conjunto de los cardenales católicos no tiene muy claro hacia dónde ir con respecto a las grandes reformas que tienen que hacer, ya sea en la curia, dentro del Estado Vaticano, reforma de concepciones centrales sobre familia, sexualidad, los jóvenes, las vocaciones. En ese sentido me parece que, igual que con Benito XVI, se eligió un papa de transición.
Creo que la Iglesia está viviendo varias transformaciones al mismo tiempo. El hecho de que Benito haya renunciado marca un cambio fenomenal en la concepción del papado. Antes debía morirse en el cargo, ahora se ha desacralizado muchísimo la función. El carisma de ser papa a partir de esa renuncia se va transformando. Los primeros gestos de Francisco apuntan más a ser el obispo de Roma que el papa como príncipe infalible de la iglesia universal. Por eso habló mucho como obispo de Roma, que lo es desde el punto de vista del catolicismo. Habló en italiano, poco y nada en latín. Se dirigió a los fieles como hermanos y hermanas, es interesante que incluyera a la mujer. Le dijo al pueblo que lo bendiga, fue austero y sencillo. Son todos gestos y símbolos valiosos pero no dicen nada de cuál va a ser su política estructural, sobre qué va a hacer con los grandes dilemas de la Iglesia católica. Su preocupación sobre Argentina va a estar muy ligada a cómo resuelva los problemas que tiene en Roma, problemas importantísimos con la curia, con la banca, con movimientos que tienen muchísimo peso en la estructura vaticana; qué relación va a tener con la compañía de Jesús, a la que pertenece aunque no es como delegado de la Compañía que llega a ocupar el cargo. Hay una serie de tensiones que le van a ocupar gran parte de su tiempo y habrá que ver con qué equipo llega, eso mostrará cuáles fueron los grupos dominantes que le dieron el voto para llegar a ser obispo de Roma.”