
“Desde San Miguel y el provincialato se hacía correr
por debajo, sin darme lugar a defenderme, que yo era comunista, subversivo y
guerrillero y que andaba con mujeres, rumores que llegaban de inmediato a los sectores
sociales que en ese momento manejaban el poder y la represión”, le contó Yorio
a Verbitsky en 1999. “Francisco Jalics varias veces me hizo notar el
peligro. En ese sentido advirtió por escrito a varios jesuitas que el
responsable era Bergoglio” (El Silencio, p. 103)
“No tengo indicios para pensar que pensar que
Bergoglio nos liberó, al contrario. A mis hermanos les avisó que yo había sido
fusilado, para que fueran preparando a mi madre”, agregó. A su juicio,
Bergoglio “tenía comunicación con Massera, le habrían informado que yo era el
jefe de los guerrilleros y por eso se lavó las manos y tuvo esa actitud doble.
No esperaba que saliera vivo”. Más aún, sospecha(ba) que Bergoglio estuvo
presente en la casa operativa de la Armada en la que pasaron varios meses. “Una
vez nos dijeron que teníamos una visita importante. Vino un grupo de gente.
Jalics sintió que uno era Bergoglio”, contó Yorio.
--¿Cómo lo sintió?

“El húngaro Jalics vive en una casa de oración de
Alemania. ‘Ha pasado un cuarto de siglo, estoy muy lejos de todo eso. ¿Para qué
remover recuerdos dolorosos?’, dijo ante una consulta telefónica. Una persona
que aceptó transmitir algunas reflexiones de Jalics con acuerdo del sacerdote
dijo que ‘durante meses Bergoglio contó a todo el mundo que los dos sacerdotes
estaban en la guerrilla. Un obispo le confesó a Jalics que era Bergoglio quien
se lo había dicho. Jalics le reprochó que jugara así con la vida de ambos”. (El
Silencio, p. 103).
“No ha habido nunca una acusación ni concreta, ni
creíble, contra su persona”, dijo ayer el padre Federico Lombardi, vocero del
vocero de Dios. La Nación sostiene que el comunicado del Vaticano “echó por
tierra cualquier sombra de sospecha de vínculos del Papa con el último régimen
militar argentino”. Agrega que “en coincidencia con la desmentida, Francisco
Jalics, el sacerdote jesuita secuestrado y torturado durante cinco meses en la
ESMA, cuya historia alimentó las sospechas hacia el nuevo pontífice, hizo saber
que se sentía reconciliado con el Papa”.
Ni el Vaticano despejó “sospechas” ni Jalics respaldó
la “la desmentida”.

“Nosotros no teníamos contacto ni con el régimen ni
con la guerrilla. Por la falta de informaciones de entonces y por las falsas
informaciones, nuestra posición había sido mal interpretada, incluso en la
Iglesia”, habría dicho. ¿Quién difundió desde la Iglesia informaciones falsas
que le costaron cinco meses de cautiverio, padre Jalics?
“Después de un interrogatorio de cinco días, el oficial
que había conducido el interrogatorio nos despidió con estas palabras: ‘padres,
ustedes no tuvieron culpas y me comprometo a devolverlos a los barrios pobres’.
No obstante el compromiso, quedamos encarcelados, para nosotros inexplicablemente,
por otros cinco meses, vendados y con las manos atadas”, habría dicho. ¿Habrá
sido para que alguien culto con conocimientos de psicología y de la Iglesia les
señalara el error de interpretar materialmente las Escrituras, padre Jalics?
“Me moví desde el primer día y vi dos veces a Videla
y dos a Massera, pese a lo difícil que era en ese momento conseguir audiencia
con ellos”, dijo Bergoglio en 1999 (El Silencio, p. 61). Hace tres años, en su
autobiografía titulada El Jesuita, reiteró que “me moví como loco dentro de mis
escasas posibilidades” y agregó que “de hecho, las gestiones permitieron la
liberación”. Jalics, según el comunicado que le atribuyen, contó que “sólo años
después tuvimos la posibilidad de hablar de esos hechos con el padre Bergoglio”.
¿El superior que se movió “como loco” logró salvar a sus dos pastores pero
tardó años en volver a ver a uno de ellos, mientras el segundo murió convencido
de que los había entregado?
"Estoy reconciliado con esos eventos y para mí ese episodio está cerrado", habría escrito Jalics. Reconciliar: volver a las amistades, o atraer y acordar los ánimos desunidos. ¿Qué los desunió? ¿Por qué no puede pronunciarse, padre Jalics?
Un documento de inteligencia militar rescatado del
archivo que el arzobispado porteño dice no tener lamenta que “a pesar de la
buena voluntad del padre Bergoglio, la Compañía en Argentina no se ha limpiado”.
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