Una prisión perpetua y dos penas a 25 años en el juicio por Mansión Seré y La Cueva marplatense
El coronel retirado Alberto Pedro Barda, responsable de la represión en Mar del Plata, seguirá con prisión domiciliaria. Los brigadieres Hipólito Rafael Mariani y César Miguel Comes permanecerán en libertad hasta que la sentencia quede firme.

Tres ex jefes de subzonas militares, responsables de los centros clandestinos Mansión Seré y La Cueva de Mar del Plata, fueron condenados ayer por el Tribunal Oral Federal 5 en el sexto juicio por crímenes de lesa humanidad que concluye durante 2008. El coronel retirado Alberto Pedro Barda, responsable máximo de la represión en Mar del Plata, recibió la pena de prisión perpetua, aunque gracias a sus 82 años seguirá detenido en su departamento de Libertador 4496. Los brigadieres Hipólito Rafael Mariani y César Miguel Comes, primeros oficiales de la Fuerza Aérea condenados por secuestros y torturas desde la reapertura de las causas en 2003, deberán afrontar penas de 25 años de prisión, aunque continuarán excarcelados al menos hasta que la sentencia quede firme.
A pesar de la acordada de la Corte Suprema de Justicia que la semana pasada ordenó garantizar la publicidad de los juicios, el tribunal que preside Guillermo Andrés Gordo impidió el ingreso a camarógrafos y reporteros gráficos. Permitió a los canales de televisión tomar la señal de circuito cerrado para verlo a él leyendo la sentencia –que los represores siguieron desde sus casas–, pero prohibió por la mañana que la sociedad conozca y escuche las últimas palabras de los acusados.
Los querellantes se mostraron satisfechos con las penas, aunque esperan que al confirmarse las cumplan en una cárcel. “Son genocidas añosos, no ancianos. En base a lo que sembraron deben esperar la muerte en prisión”, explicó el abogado marplatense César Sivo. “Barda debió ser condenado a los 50 años, no a los 80. Es inaceptable que sólo se tome en cuenta la edad en personas que durante años se ocuparon de sortear a la justicia”, agregó. “Estamos conformes con los 25 años, pero pedimos la revocatoria de la excarcelación, tanto por la posibilidad de que se fuguen para no ir presos como de que entorpezcan el avance de las investigaciones en zona oeste, ya que les esperan varios juicios”, consideró Liliana Mazea, abogada de Justicia Ya! El fiscal federal Félix Crous, que también pidió cárcel común, prefirió esperar a conocer los fundamentos de la negativa.
A primera hora de la mañana los fotógrafos se encontraron con la mala nueva. Pese a la orden suprema para que el tribunal garantice la difusión de juicios “de trascendencia pública que generan gran interés en la sociedad”, los secretarios de Gordo, Daniel Obligado y Ricardo Farías, se vieron en el ingrato rol de tener que explicar la interpretación de Sus Señorías.
–No tienen problema en que ingreses, pero sin la cámara –fue la memorable explicación que recibió el fotógrafo de Página/12.
Un día antes, la orden había sido ignorar la acordada. “No fuimos notificados”, explicaron a los primeros reporteros que intentaron acreditarse, conscientes de que nadie iba a notificarlos. Como el martes la resolución se publicó en el Boletín Oficial, apelaron a la lectura mezquina. “Dice ‘permitir la difusión radial y televisiva’, que se garantiza con el circuito cerrado”, sostuvieron. Cuando les recordaron que la acordada ordena decidir “la ubicación de cámaras de televisión y repoteros gráficos” no supieron qué responder. A instancias de la agrupación HIJOS, un escribano certificó el incumplimiento de los jueces, cuya conducta deberá analizar la Corte Suprema. La Asociación de Reporteros Gráficos (Argra) repudió ayer “la postura obstruccionista” del tribunal, que “tergiversó su potestad de reglamentar el acceso a la prensa para transformarlo en lisa y llana prohibición de ejercer la tarea periodística”.
Tanto por la mañana, cuando dijeron sus últimas palabras (ver aparte), como a la hora de la sentencia, la sala estuvo repleta de víctimas, familiares y miembros de organismos. Apenas tres hombres mayores fueron a ver a los brigadieres. Luego de rechazar planteos de prescripciones e incompatencias, Gordo leyó la condena a Barda, la decimoprimera prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad de 2008.
–¡Bravo! –gritó una persona, y fue suficiente para que Gordo frunciera el seño y con esmerada voz grave amenazara con desalojar la sala.
Barda fue condenado por los homicidios agravados de Analía Magliaro y del abogado laboralista Jorge Candeloro más los secuestros y tormentos de ambos y de la mujer de Candeloro. “Pasaron 31 años, parece mentira”, confesó tras el fallo Marta García, que padeció a Barda en La Cueva y ya declaró 45 veces. “Es demasiado larga la espera para aceptar el privilegio de que siga en su casa. Y debe ser juzgado como jefe de subzona por todos los crímenes que cometió, no sólo por tres casos”, reclamó.
Mariani y Comes comandaron en 1977 y 1978 la Fuerza de Tareas 100, creada para cumplir “funciones antisubversivas” en zona oeste, donde funcionó Mansión Seré, y fueron condenados por ocho y seis secuestros y tormentos agravados respectivamente. La pena de 25 años de prisión surge de los votos de Obligado y Farías. El contenido de la disidencia parcial de Gordo se conocerá el miércoles cuando se lean los fundamentos. El tribunal también ordenó que se investigue al capitán Fortunato Valentín Rezett, que recibió a la secuestrada Magliaro en el Grupo de Artillería que comandaba Barda antes de que la asesinaran, y al brigadier mayor Miguel Angel Osses, superior de los aviadores que recibió la orden para que la Fuerza Aérea se encargara de la “lucha contra la subversión” en los partidos de Merlo, Moreno y Morón. “Estamos contentos, ahora queremos cárcel común”, reclamó Martín Sabbatella, intendente de Morón, que convirtió Mansión Seré en una Casa de la Memoria y aportó su investigación a la causa. Destacó la importancia “de enfrentar al Estado terrorista desde el propio Estado” y de haber confirmado “la responsabilidad de la Fuerza Aérea en el plan sistemático en zona oeste”.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/elpais/1-114561-2008-11-06.html
Dos acusados hablaron antes de la sentencia
¿Yo señor? No señor
Los dos brigadieres, primeros oficiales de la Fuerza Aérea condenados luego de la reapertura de las causas sobre la dictadura, intentaron sin éxito despegarse de las acusaciones.

“Jamás conocí los hechos de Mansión Seré y lamento profundamente, de corazón, todo lo ocurrido en esos tiempos en nuestro país”, aseguró el brigadier César Comes. “El juez supremo sabe que no autoricé, no ordené ni consentí” crímenes de lesa humanidad, afirmó el brigadier Hipólito Mariani. Ambos aprovecharon la posibilidad de decir sus últimas palabras antes del veredicto y reiteraron con serenidad varias de las frases que meses atrás, entonces con éxito, utilizó el comisario Miguel Angel Timarchi, absuelto por la Masacre de Fátima.
Con la sala repleta y los fotógrafos masticando bronca en los pasillos, el presidente del tribunal, Guillermo Andrés Gordo, invitó al coronel retirado Alberto Pedro Barda a pasar al estrado. El ex jefe de la subzona 16, de quien dependieron seis centros clandestinos de Mar de Plata, caminó a paso lento apoyándose en el bastón, se sentó y con voz aflautada se limitó a ratificar: “No tengo nada que decir”.
El brigadier Mariani aclaró que sufría “problemas de dicción” y sacó varias hojas para leer. Lamentó haberse sentirse tratado “como un ente abstracto que no existía antes ni después de 1977”, y también porque “nadie indagó si soy capaz de cometer los hechos que se me endilgan” (aunque durante el juicio se escucharon numerosos testimonios). “Tengo casi 83 años y estoy siendo juzgado por uno de mis 37 años de vida militar”, dijo. Renegó de que en su legajo “no constan las veces que objeté órdenes incorrectas, poniendo en riesgo mi carrera”, y aseguró que “se han equivocado de persona”.
“Durante mi breve paso por la Fuerza de Tareas 100 no tuve la sensación de estar en una guerra. Nunca me sentí verdaderamente amenazado”, confió. Luego criticó a los querellantes y a la fiscalía porque “no tuvieron pruritos en calificarnos”, usaron “artificios” para inculparlos y renegó de los “paparazzi no autorizados” (sic) que lo fotografiaron en el ingreso a tribunales. Luego admitió que “no quisiera estar en el lugar de los querellantes”, consideró que existió una “guerra fratricida sin ningún sentido ni razón” y dijo confiar en que víctimas y familiares “no buscan el castigo de los que no son responsables ni autores”.
Mariani atribuyó su situación a “coincidencias que dirigen y dan forma a nuestras vidas” y a “una interpretación errónea de la Cámara Federal” que condenó a los ex comandantes en 1985. Dijo que “Mansión Seré no tenía conexidad con la Fuerza Aérea” y que se debió condenar al comandante del Cuerpo I de Ejército y no al brigadier Orlando Agosti por los crímenes en ese centro clandestino. Ese “equívoco” manchó “el buen nombre y honor” de aviadores retirados, sugirió, y derivó en su citación a indagatoria en 1987 y en el proceso que se reabrió en 2003. “Deseo que se revierta esta tendencia negativa”, concluyó.
El brigadier César Comes recordó que asumió al frente de la Brigada Aérea VII de Morón en febrero de 1977 y que al año siguiente se hizo cargo de la Fuerza de Tareas 100 (creada para la “lucha antisubversiva”) por ser el oficial más antiguo entre los jefes de la Fuerza Aérea en zona oeste. “Pero ni antes ni durante mi paso por la Brigada tomé posesión de la casa de calle Blas Parera” donde funcionó Mansión Seré, aseguró. Dijo que recién tomó conocimiento sobre su existencia durante el Juicio a las Juntas y recordó que estuvo preso entre abril de 1987 y junio de 1988, cuando la Corte Suprema de Justicia lo liberó gracias a las leyes que le garantizaron impunidad durante tres lustros.
Tras la reapertura de la causa en 2003 volvió a ser detenido, aunque con arresto domiciliario, recordó, y enumeró sin explicar motivos las autorizaciones obtenidas y denegadas para salir a la calle. Contó con orgullo que fue condecorado por Naciones Unidas como miembro de una misión de paz en el Congo Belga y que recibió una placa de reconocimiento de entidades de bien público de Pavón, partido de Morón. “En mi carrera de aviador llegué a brigadier, nadie me regaló nada, tuve una vida normal en lo profesional y en lo familiar, perdí a mi esposa hace 17 años, me acompañan mis hijos y mis nietos, y vivo en paz”, concluyó.
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/elpais/subnotas/114561-36425-2008-11-06.html
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